En 25 años solo queda aprender

Hace tantos días y tantos años todo estaba de cabeza… y por varios segundos pensé que siempre sería así… Baja la esperanza y asumimos las cosas. Pero, no nos damos cuenta que, incluso sin la intención, vamos mejorando de alguna u otra forma. El cambio nunca se ve mientras lo vivimos y somos parte de ello. Pero al mirar atrás, al recorrer todos los años, entonces sí vemos la abismal transformación. Y es drástico. Y nos cuesta casi aceptarlo…

Hacer tantos años que todo estaba de cabeza, mis pensamientos, mis sentimientos. No diré que me iba mal, pero muchas cosas no encajaban. Pero hoy es diferente. No fue un cambio drástico ni mucho menos mágico. Me tomó tiempo, esfuerzo y tantas lágrimas como risas. Tengo la completa seguridad que, si mí yo de la infancia me viera hoy, al día de cumplir 25 años, no me reconocería. Y quizá, solo quizá, soltaría un par de suspiros. Suspiros de emoción y orgullo, suspiros de esperanza… Todo lo que necesitaba en aquel entonces. Todo lo que alguna vez me dijeron que no era cierto… y tuve que comprobar que sí lo era.

Porque al final, hoy todo está mejor, incluso cuando no todo es perfecto y hay dolor a ratos. Porque al final, en 25 años solo he aprendido que siempre tenemos la capacidad de mejorar(nos), aun cuando nos aferramos a lo contrario. Porque al final, hasta Sábato entendió que La Luz siempre se verá, tarde o temprano.

Porque en 25 años, me he convertido casi en todo lo que algún día necesité… Habrá tantas cosas más en los próximos años, siempre lo hay. Sin embargo, hoy es suficiente.

Happy 25 birthday…

-Blueberry

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Siempre habrá otro día

Habrá caídas, habrá raspones, habrá historias inconclusas e incomprensibles. Habrá preguntas sin respuestas, porque no todo es lógico y lineal.

El pasado no se va, nunca lo hará, y habrá que vivir con ello. Habrá que aceptar la idea de que el pasado no está ahí para pesarnos ni atormentarnos, sino para conformarnos e impulsarnos de alguna manera.

Las palabras resuenan y habrá que aprender a aceptarlas y no evadirlas, porque la evasión solo es una promesa corta que solo aligera el malestar un instante efímero.

Habrá que aprender a aceptar que lo ya vivido es inmutable, bueno o malo, pero lo importante no es ello, sino cómo nos permitimos transformarnos por más resistencia que ejerzamos… porque, aunque no siempre lo pensemos, siempre habrá otro día más.

Feliz 2019!

-Blueberry

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Un sueño que no estaba solo para soñarse

Unos ojos jóvenes que delataban un cansancio ya algo viejo.

Unos ojos que no habían vivido lo suficiente pero sí habían sentido lo necesario, cargando con historias largas y otras inconclusas.

Una boca curveada, que no hacía más que regalar incertidumbre y misterio.

Un aliento que incitaba el calor y la cercanía necesaria.

Un sueño que no estaba ahí solo para soñarse.

Un recuerdo que parecía traicionarle a ratos, al prometerle permanecer en el pasado, pero terminaba como la peor sombra hasta en la noche.

Una fatiga que no era de aquel cuerpo.

Porque al final los años no son los que pesan, sino todo lo que se calla con los días y semanas y años. Porque lo que pesa no es el tiempo en sí, sino las experiencias previas y las lágrimas no resueltas. Y al final, lo importante no es siquiera todo ello, sino cómo cada uno se va conformando y organizando con todo lo vivido.

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-Blueberry

Microrrelato: con historias en la piel

Había algo ahí que te hacía pensar que lo que estaba a simple vista simplemente no podía ser todo. Era algo en la forma en que veía su mundo, su alrededor, hasta sus propias manos; que te dejaba profundamente pensando.

Era una ligereza sutil y vaga, pero jamás se podía ignorar por completo. Era algo más complejo, se metía hasta en la piel, una sensación que no te permitía dejarlo pasar desapercibido.

Caminaba con aparente seguridad, con soltura y hasta una pizca de ambición. Pero siempre y cuando te distrajeras un poco y le observaras de reojo, se vislumbraba casi claramente esa superficialidad en todo su espectáculo y esa forma característica de ser. Aquella forma de caminar que solo trataba de tapar algo más profundo, una inseguridad casi asimilada.

Y como todas las personas que dicen aceptar sus inseguridades, también tendía a transformarlas en risas y humor ligero. Casi real. Casi lograba hasta creerlo. Casi. Con esas historias que llevaba en la piel y que le habían servido como escudos y vendas, para tapar todo el mal que algún día fue. Para transformarlo y ahora verlo como un recuerdo lejano, un recuerdo, que sin darse cuente, se distinguía a ratos.

Y como pocas personas que sienten de verdad, le era más fácil aplacarlo un poco, ignorarlo incluso y sentir que sentía como el resto… dejando salir a ratos una genuina emoción a lo que no cualquiera le encontraría el mismo sentido.

-Blueberry

Nadie ama amándose a uno mismo primero

Hace tiempo que la edad y las creencias me enseñaron que, para amar, hay que amarnos a nosotros mismos primero. Sonaba lógico, todos lo decían y para ser sincera, parecía tener sentido, ¿no?

Pero, con el paso de los años, aquella idea quedó tan superficial como simplista. Sí, sonaba poético, romántico, motivador… e increíblemente reduccionista, perfectamente característico de una sociedad que tiende a la satisfacción inmediata narcisista e individualizada. 

¿Cómo es posible aprender el amor en soledad? Simple: no es posible. 

Hace tiempo ya se hablaba de las repercusiones del “apego”, de lo peligroso que es la dependencia y que por ello teníamos que ser independientes y libres, desapegarnos y vivir sin ataduras. Para ello, debíamos de regresar a nosotros mismos, y aprender. amarnos a nosotros mismos en total soledad.Creemos intensamente que tenemos que amarnos a nosotros mismos, tenemos que tener un autoestima elevado y un gran sentido de autonomía e independencia para así, solo así, poder amar a otra persona.

Pero olvidamos que nuestra primera experiencia de amor, de todos nosotros, se forma en compañía. Siempre. Exactamente igual al sentido de autonomía y autoestima que solo se puede dar en el contexto de una relación.

El primer vínculo emocional y de amor de todos los seres humanos, es nuestra madre o padre (o el cuidador principal). Solo a través de esa conexión y ese vínculo íntimo y emocional, generamos un concepto de validez de nosotros mismos, o bien, autoestima. (“Si recibo amor y protección de mi figura materna, es porque soy una persona ‘digna’ de afecto” “Si yo no recibo amor de mi cuidador principal, es porque no valgo lo suficiente para recibir afecto”).

En la medida en que recibimos afecto y protección de una figura durante los primeros años de vida, nuestro sentido de valía, o autoestima, se va conformando. Cuando hay un sentido de autoestima, el amor propio se da como condición inmediata. 

No se trata de “aprender a amarme a mí mismo primero para amar a otra persona”, porque para amarme a mí mismo necesito la experiencia previa de “saber estar” junto con alguien más. Aquello no será algo que se construya en soledad y por sí misma. Al final… hasta la terapia psicológica se da en el contexto de una relación terapéutica, ¿no?

Así, entre mayor seguridad sintamos con alguien, entre mayor la certeza de que hay alguien para nosotros, para esos momentos tanto positivos como negativos; más nos podemos alejar para ser independientes. Al final del día, si algo sale mal, está la certeza de que habrá alguien ahí para sostenernos.

Al final, la sociedad infunde un miedo e incluso un estigma a la dependencia de otras personas, sin mencionar que la “dependencia Sana“* es necesaria, un apego seguro. Entre más cercanos y en sintonía nos sentimos con alguien, entre más seguros nos sentimos en un vínculo; más independientes somos y más nos podemos separar de alguien para poder ser nosotros mismos.

Al final el tiempo, las experiencias, lecturas y personas me enseñaron que, no estamos aquí para estar solos. Estamos aquí para ir en compañía porque solo así, llegamos más lejos.

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-Blueberry

Está bien no estar bien

Olvidamos que somos vulnerables, y eso está bien.

 
Somos seres humanos, y con ello viene cierto grado de vulnerabilidad. 

Sí, soy creyente de que siempre debemos encontrar la forma adecuada de superar las situaciones adversas: siempre habrá algo más, siempre habrá más formas, más pensamientos, más visiones.

Pero a veces, la realidad nos obliga a reconocer que no siempre podemos tolerar tanto en tan poco tiempo. Necesitamos un descanso, cerrar los ojos, respirar y aceptar que está bien no estar bien todo el tiempo. Reconocer que somos seres humanos, y con ello, viene la vulnerabilidad. Está bien reconocer que no siempre es fácil, que la realidad a veces duele y fatiga, fatiga mucho. Está bien reconocer que parece que el túnel pareciera no tener fin. Está bien reconocer la sensación de estar parado, sin ver la salida. Es de humanos reconocer ese dolor y la dificultad que podamos estar pasando, saber sentirlo y expresarlo.

Habrá cicatrices siempre. Y no hay nadie exento de ello. Algunas dolerán más que otras, algunas quizá se borraran con el paso del tiempo, otras permanecerán, sin dolor, pero como memoria. Las heridas no desaparecen al ignorarlas, sino al reconocerlas y cuidarse uno mismo, cuidarse en compañía. 

Está bien reconocer esas heridas, el dolor y la dificultad. Porque solo así podremos seguir adelante, y afrontar lo que sea que venga. Porque tengo la sospecha, que no hay nada en el universo que no podamos sobrepasar, por más doloroso e intenso que sea.

Está bien no estar bien todo el tiempo.





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Confundimos la autoestima con demasiadas cosas

Quien se esfuerza en demostrar el valor propio activamente en los otros, busca en la validación y reconocimiento externo, aquello que internamente no ha sido capaz de aceptar o reconocer. No hay necesidades de demostrar quien conoce su valor propio. Lo demás son máscaras.

Confundimos demasiadas cosas con una autoestima elevada. Creemos que el proclamarnos infinitamente felices, y mostrarnos eufóricos y sonrientes, significa directamente una gran confianza y seguridad. Creemos como seguros a quienes afirman continuamente sus cualidades, explícita y activamente, en el mundo, asegurando lo que consideran que son, buenos, increíbles, exitosos…

No, no, no.

Quizá, solo quizá, se trate de alguna máscara más. Una máscara que intenta demostrar tan intensamente algo que en fondo es difuso o casi nulo. Una forma barata de convencimiento del Otro sobre el valor propio.

Con el paso del tiempo, vemos sonrisas vacías y ruidosas, envidiándolas e incluso tratando de adoptarlas. Con el tiempo, escuchamos risas escandalosas, con gestos exagerados, tratando de darle veracidad al rol que no es más que una apariencia. Una forma de convencimiento…

Con el paso del tiempo, nos damos cuenta que, quien realmente está en paz consigo mismo, jamás tratará de exhibir a los otros sus cualidades. La seguridad no es bulliciosa ni exuberante, será más el estado interno de satisfacción, que no necesita ser validado por alguien más.

 

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-Blueberry

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