Pasivo

El problema fue que no te diste cuenta. No pudiste darte cuenta que esto no estaba funcionando, no hiciste nada más, lo dejaste así, sin más, como siempre.

Esperando que pasara un milagro, sin hacer nada por tu parte. Nada por tu parte.

Esperabas que todo lo hiciera yo, que todo lo resolviera yo. Siempre.

No te esforzaste, aún no lo haces. Y todo porque crees que siempre estaré ahí. Y ese es el problema. No siempre voy a estar aquí.

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Entonces, ¿por qué me alejé?

“-¿Disfrutabas pasar el tiempo conmigo?

-Sí.

-¿Entonces por qué te alejaste?

-Exactamente porque yo adoraba cada segundo contigo, cada pequeño momento que me fuese posible lo deseaba compartir a tu lado; pero te acostumbraste demasiado a eso, nunca eras tú quien me buscaba, y eso dolía. Era tanto el amor que te tenía, que me alegraba con las migajas de tiempo que me ofrecías. Era tanto mi cariño hacia tí, que pensé que debía luchar por ambos, aunque solo fuese yo quien lo hiciera. Me alejé porque no podía estar con alguien que me hiciera sentir que yo era siempre lo segundo en su lista de sí”.

A veces, lo más difícil es lograr ver lo que no queremos ver.

¿Cuántos meses van así? ¿3, 4, 5, 6?

 

¿Cómo ayudar a alguien que no quiere ser ayudado?

No puedes.

Fue esa la respuesta de mi psicóloga. Ya me harté. Ya no lo quiero ayudar.