Ya no lo extraño

No lo extraño. Suena mal, quizá,pero así es. He estado tan bien, tan concentrada en mis cosas, tan bien conmigo misma en general…

Hasta cierto punto de mi consciencia sabía que todo estaba mal, que no era normal estar con alguien y sentirme de dicha forma, pero lo había estad evadiendo en gran medida. No lo quería aceptar. Me costó.

Me sorprendí a mi misma el verme así, llena de tranquilidad, contenta, con ganas de hacer cualquier cosa. Bien.

Además de todo eso, sí estoy un poco molesta, pero conmigo misma, y es parte del proceso que tengo que sobrellevar. Estoy muy enojada conmigo misma de no haber querido aceptar la situación desde antes, de haberla alargada todos estos meses pasados.

 

 

 

 

 

 

Diario: Comenzando

Después de tres años…

¿Cómo me encuentro?

Extrañamente… demasiado bien. Después de meses de haber estado triste, de no poder contenerme, de darle vueltas a todos los asuntos en mi cabeza. Estoy bien. Tranquila.

Habíamos estado discutiendo unos días antes, le hice algunas llamadas las cuales él no contestó. Me dijo que estaba ocupado, que iba a tomar con un amigo suyo. ¡Pero qué prioridades tan interesantes! En fin. El día 23 de diciembre le pregunté si lo podía ver. Quería verlo para terminar nuestra relación bien, hablar todo tranquilamente. No me quiso ver. Dijo que ese día iría a una posada y que quería pasársela bien con sus amigos, así que no quería saber nada de mí.

Creo que esa actitud, que finalmente es la que siempre ha tenido conmigo, o por lo menos en el último año; hizo que me decidiera por terminar todo. Con toda la calma que pude y una decisión bastante firme, le escribí un ensayo. Le sinteticé mis argumentos, explicando las razones de por qué había decidido terminar nuestra relación, le escribí cómo me sentía y lo que pensaba sobre todo en general (que en realidad ya se lo había dicho incontables veces en los meses anteriores). Le deseé lo mejor en su vida. Y eso fue todo.

Inmediatamente, cinco minutos después de haberlo enviado, me respondió. Lo leyó rápidamente y comenzó a pedirme perdón por todo, no creía que de verdad estábamos terminando. Me dijo alguna excusa en su vago intento por tratar de justificar cierta conducta conmigo, pero le dije que no podía hacer eso. En su debido tiempo, eso jamás me lo había dicho en persona, no podía ahora cambiar la versión de las cosas. Estaba harta de que jamás pudiera aceptar sus errores y tuviera que recurrir a cambiar toda la versión para justificar sus acciones. Me pidió otra oportunidad más…

Nunca pensé que ese día llegaría. El día en el que sería yo quien terminaría todo. Creo que en el fondo siempre pensé que sería él quien terminaría conmigo (claro, por la manipulación emocional y la culpa que me hacía sentir, al responsabilizarme “solo a mí” de todos los problemas). Fue bastante triste haber terminado de esa forma… básicamente por un escrito, ya que no me quiso ver ni hablar. Quería verlo por lo menos, y terminar como “personas maduras”. En fin…

Suena mal de mi parte, quizá. Pero ese mismo día estaba bien. Estuve con mi familia, y todo parecía estar bien. Solo eso. Me sentí tranquila. Sin embargo, días después sucedieron algunas otras cosas, tuvimos otras peleas, y de hecho sobre un tema con el cual habíamos tenido problema casi toda nuestra relación. Exploté. Pensé que ya no podía estar más enojada. ¿Cómo podíamos seguir peleándonos si ya ni siquiera éramos novios? En mi momento de ira intensa le dije que no quería volver a saber de él jamás, que no me buscara nunca.

 

Recordé entonces una conversación con un muy amigo mío. Fue hace dos años y medio, aproximadamente. Le había hablado bastante triste, contándole que me había peleado con mi novio en aquel momento. “Tú no tienes por qué sentirte mal, a fin de cuentas, si en algún momento llegaran a terminar, créeme que el que más pierde es él. Tú eres una persona increíble”, me había dicho. No pude evitar recordar aquello.

-B