Confundimos la autoestima con demasiadas cosas

Quien se esfuerza en demostrar el valor propio activamente en los otros, busca en la validación y reconocimiento externo, aquello que internamente no ha sido capaz de aceptar o reconocer. No hay necesidades de demostrar quien conoce su valor propio. Lo demás son máscaras.

Confundimos demasiadas cosas con una autoestima elevada. Creemos que el proclamarnos infinitamente felices, y mostrarnos eufóricos y sonrientes, significa directamente una gran confianza y seguridad. Creemos como seguros a quienes afirman continuamente sus cualidades, explícita y activamente, en el mundo, asegurando lo que consideran que son, buenos, increíbles, exitosos…

No, no, no.

Quizá, solo quizá, se trate de alguna máscara más. Una máscara que intenta demostrar tan intensamente algo que en fondo es difuso o casi nulo. Una forma barata de convencimiento del Otro sobre el valor propio.

Con el paso del tiempo, vemos sonrisas vacías y ruidosas, envidiándolas e incluso tratando de adoptarlas. Con el tiempo, escuchamos risas escandalosas, con gestos exagerados, tratando de darle veracidad al rol que no es más que una apariencia. Una forma de convencimiento…

Con el paso del tiempo, nos damos cuenta que, quien realmente está en paz consigo mismo, jamás tratará de exhibir a los otros sus cualidades. La seguridad no es bulliciosa ni exuberante, será más el estado interno de satisfacción, que no necesita ser validado por alguien más.

 

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-Blueberry

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22 comentarios sobre “Confundimos la autoestima con demasiadas cosas

  1. Muy interesante el esclarecimiento. En lo personal creo que es cierto. El deseo de querer demostrar los bienes a terceros con pura intención de ser reconocido – aceptado – apreciado denota la insatisfacción con la propia persona.

    No obstante creo que existe algún tipo de vínculo entre los otros y mi autoestima. Ejemplo de ello son algunas personas que fueron maltratados desde su infancia y que ya en su adultez parece que se rechazan fuertemente a sí mismos.

    Muy buen artículo!

    Saludos. 🙏🙏🙏

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    1. Justo escribí mas abajo un comentario sobre esto. Somos seres sociales, la validación es necesaria, y por necesaria me refiero a una necesidad básica. Nacemos en necesidad de afecto, de protección, de amor, de validación. Sin embargo, hay una línea muy delgada entre la necesidad básica de validación de nuestras experiencias internas/subjetivas, y validación superficial.

      Saludos enormes!

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  2. Estoy totalmente de acuerdo. Pero déjame decirte que tenemos un componente social que da mucha satisfacción cuando sentimos el reconocimiento ajeno, lo que hace que algunos prioricen, creo que equivocadamente, dicha satisfacción sobre la que surge de vivir nuestras buenas cualidades personales; no obstante, creo que hay que respetar el estado de la evolución espiritual de cada quien. El problema se da cuando quien tiene un desarrollo espiritual bajo pretende imponerlo como ejemplo para los demás; esto se da mucho explícita e implícitamente en los medios de comunicación actuales.
    Es un verdadero placer leerte y reflexionar sobre ello.
    Mil besos.

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    1. Reconocimiento ajeno: me encanta este tema. Me regreso al tema de teoría de apego y desarrollo en la infancia: y el autoestima y sentido de valor propio se da desde temprana edad por el RECONOCIMIENTO de los padres, pero no un reconocimiento tipo “adulación” como “Qué hermosa, qué buenas calificaciones, eres inteligente!; haces todo increíble” No, no, no. El autoestima viene cuando ese reconocimiento de los padres es una validación del estado interno del niño, la validación de su experiencia subjetiva. Validar sus emociones, positivas o negativas, validar sus gustos, sus logros, sus intentos fallidos, en fin.
      Sigo pensando que, aun en la vida adulta, ESE reconocimiento es el que necesitamos, no un reconocimiento como el que hoy en día vemos tanto en redes sociales: por subir una foto en bikini, por ejemplo.
      Saludos!

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      1. Pues yo creo que una cosa no quita la otra; es decir, no hay incompatibilidad entre reconocimientos más superficiales y más profundos; de hecho unos pueden conducir a los otros. Ahora bien, pienso que quien se queda en lo superficial no llega a gozar tanto como quien sabe apreciar el fondo de las personas.
        Saludos

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  3. (Los demás son máscaras…)
    (…demás son máscaras…)
    (…son máscaras…)
    (….máscaras…)

    Poema en línea recta
    Fernando Pessoa, llamado Álvaro de Campos

    Nunca conocí a quien le hubiesen dado de bofetadas.
    Todos mis conocidos han sido campeones en todo.
    Y yo, tantas veces bajo, tantas veces guarro, tantas veces vil,
    yo tantas veces irreplicablemente parásito,
    indisculpablemente sucio,
    yo, que tantas veces no he tenido paciencia para bañarme,
    yo, que tantas veces he sido ridículo, absurdo,
    que he ocultado los pies públicamente en las alfombras de la etiqueta,
    que he sido grotesco, mezquino, sumiso y arrogante,
    que he sufrido afrentas y callado,
    que cuando no he callado, he sido más ridículo aún;
    yo, que les he sido cómico a las criadas de hotel,
    yo, que he sentido el guiñar de ojos de los mozos recaderos,
    yo, que he hecho vergüenzas financieras, pedido prestado sin pagar,
    yo, que, cuando la hora del puñetazo surgió, me he agachado
    hacia afuera de la posibilidad del puñetazo;
    yo, que he sufrido la angustia de las pequeñas cosas ridículas,
    yo verifico que no tengo par en todo esto en este mundo.

    Toda la gente que yo conozco y que se habla conmigo
    nunca tuvo un acto ridículo, nunca sufrirá afrentas,
    nunca fue sino príncipe —todos ellos príncipes— en la vida…

    ¡Quién me diera oír de alguien la voz humana
    que confesase no un pecado, sino una infamia
    que contase, no una violencia, sino una cobardía!
    No, son todos lo ideal, si los oigo y me hablan.
    Quién hay en este ancho mundo que me confiese que una vez fue vil,
    Oh príncipes, hermanos míos,

    ¡coño, estoy harto de semidioses!
    ¿En dónde hay gente en el mundo?

    ¿Así que soy sólo yo que soy vil y erróneo en esta tierra?
    Podrán las mujeres no haberlos amado,
    pueden haber sido traicionados —¡pero, ridículos nunca!
    Y yo, que he sido ridículo sin haber sido traicionado,
    ¿cómo puedo yo hablar con mis superiores sin titubear?
    Yo, que he sido vil, literalmente vil,
    vil en el sentido mezquino e infame de la vileza.

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  4. Aunque suene a tópico, puede ser fruto de los tiempos que vivimos o si cabe más acentuado ahora. El exceso de estimulos que algunas personas absorven lo exteriorizan así, una especie de felicidad 3.0 (…) y rechazan o temen albergar valores personales que contrasten con una sociedad de necesidades autoimpuestas que pide siempre más.
    Estupendo articulo, que como ves hace pensar.

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    1. Me encantó! “rechazan o temen albergar valores personales que contrasten con una sociedad de necesidades autoimpuestas que pide siempre más”.
      Esta dinámica se da incluso desde antes, no necesariamente desde el contexto social. En los estilos parentales, se ha encontrado patrones de conducta en los padres con sus hijos (desde la infancia) donde rechazan o no permiten que su hijo tenga afectos negativos. Esto, el niño lo aprende, llevandolo a la adultez a ocultar su expresión de afecto negativo y terminando en explosiones afectivas, impulsividad, un trastorno limítrofe de personalidad… hay infinidad de posibilidades. Y bueno, una sociedad que repite este patrón: “No sientas afecto negativo, tienes que vivir la felicidad 3.0”. Qué caos, no?

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  5. Confundimos demasiadas cosas con la autoestima. Porque no somos cosas e insistimos en cosificar todo lo que somos y hacemos. El ego es el mayor “cosificador”. Seguramente para llegar a la autoestima – concepto que siempre me ha parecido casi febril por su vaguedad – sea necesaria la aceptación de lo que odiamos, reprochamos o reprimimos de nosotros mismos, es decir, de alguna manera un poco de odio, reproche y mutilación, porque somos eso en ese momento cruel de nuestra introspección. Así que no sé si llamarlo autoestima o liberación. Creo que me gusta más lo segundo. En fin, esto es muy largo de explicar y aquí nunca podrá quedar claro.

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