Extracto de un libro que jamás escribiré:

De conexiones e imaginación

– ¿Crees en el amor a primera vista? – preguntó – ¿O en la atracción, o conexión?

Era el tema de nunca acabar. El amor. Había ya tantas definiciones…

– ¿Qué quieres que te conteste? Es una estupidez creer en el amor a primera vista. El amor involucra conocer a la persona… A veces no entiendo cómo la gente realmente cree que existe. No entienden que no puedes conocer a alguien solo con verlo una vez.

– ¿Entonces no crees? -Expresó mientras levantaba juguetonamente una ceja.

-Quizá en la atracción -Pensó un momento y prendió un cigarro- Hay personas que con verlas te atraen. Sientes algo, y es casi imposible ignorarlo. Incluso te hace reconsiderar si el otro no lo siente igual. -Suspiró. Había suspiros cuya función no era más que reprimir todo el enojo que amenazaban con salir.

– Entonces… ¿Así lo viviste?

– ¿Qué más te digo? No importa cuánto tiempo pase, nunca llego a una explicación. Recuerdo que lo vi de lejos y me sorprendí. Me gustó mucho, o más bien me atrajo. Bastante. Pero solo fue eso… Pensé que sería como cualquier otra persona que ves en la calle y te atrae, y a los 5 minutos lo olvidas. Pero no fue así. Me quedó la imagen mental. Y después pasó todo lo que pasó.

En aquella tarde, Ari tenía unos ojos tristes. La seriedad que parecía caracterizarle casi le delataba a ratos. Su postura erguida y rígida ponía contexto a todo el cuadro. Una mirada que simulaba distancia. Unos brazos que suplicaban cercanía. Casi parecía la representación del dilema de la soledad que anhela desesperadamente amor y está condenada a fracasar y además se defiende frente a ésta.

Cuando lo vio la primera vez se le fue un poco el aire. Se rio de sí misma al pensar que eso solo ocurría en las películas y que era, realmente, bastante dramática.  Lo primero que sucedió fue que se imaginó mil escenarios mentales en donde, en un universo paralelo, se le acercaba a preguntarle su nombre, seguido de una invitación a un café. Jamás sucedió. El tiempo adoraba burlarse de ella, y de sus fantasías infantiloides con tintes mágicos.

Llevaban un par de clases juntos, y en pocas ocasiones él se había sentado junto a ella. Había sido extraño, quizá si hubiera sido alguien más le hubiera sonreído, pero la ansiedad paralizó su piel. Nunca le habló más de tres palabras. Los días parecían pasar dolorosamente lentos, y el deseo crecía de forma estúpida. Se lo imaginaba imaginándola. Fantaseaba con que él se sentía igual y que moría de ganas por acercarse, por inventar cualquier excusa para hablarle. Se imaginaba que un día la besaría tratando de no soltarla.

Era agradable fantasear todo eso, era como abrir la venta y sentir la brisa del aire. No arreglaba todo, no cambiaba el interior de la habitación, pero al menos bajaba el volumen a los males.

– ¿Ari? ¡Ari! -Preguntó su amiga, tratándola de hacerla regresar en sí.

-No sé qué mas decirte…  De verdad siento que es una estupidez. A veces, muchas veces me pregunto si piensa en mi. ¿Crees que piense en mi? -Preguntó al tiempo que se desvanecía el recuerdo mental.

-No lo sé.

-Sinceramente, siento que no piensa en mi… lo más probable es que ni me recuerde. -Mencionó Ari con un tono seco y tratando de acomodarse en la silla – Me molesta demasiado, porque sé que no pasó nada, no fuimos nada. Es una estupidez que me duela tanto algo que ni siquiera pasó.

-Pasó en tu imaginación, Ari, te imaginabas mil cosas que podían pasar con el.

– ¡Exacto! Pero no es real, es solo mi estúpida imaginación. No entiendo, te lo juro que no lo entiendo. Odio sentirme así. ¿Cómo se puede sentir atracción hacia alguien que te generó dolor? ¿Cómo pensar en alguien que… que no le importas en lo más mínimo?

-Porque te mostraba a ratos interés. A ratos. Acercándose, alejándose.

-Es cierto, pero nunca como un constante, siempre con distancia de por medio…

(…)

-Blueberry

16 comentarios sobre “Extracto de un libro que jamás escribiré:

  1. ¡Interesante y esclarecedora entrada! En el juego del amor; nos victimizamos cuando alguien, que no nos ha dado ni la hora, fue deidad de nuestros sueños rotos, que da por sentado aquello de “la vida…es sueño”. La diferencia entre el consciente y el inconsciente, en que este nos martiriza por lo inalcanzable. Y pensar, que es tan común que creamos en sueños ilusorios, como los de la protagonista. Un cálido saludo.

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