Nadie ama amándose a uno mismo primero

Hace tiempo que la edad y las creencias me enseñaron que, para amar, hay que amarnos a nosotros mismos primero. Sonaba lógico, todos lo decían y para ser sincera, parecía tener sentido, ¿no?

Pero, con el paso de los años, aquella idea quedó tan superficial como simplista. Sí, sonaba poético, romántico, motivador… e increíblemente reduccionista, perfectamente característico de una sociedad que tiende a la satisfacción inmediata narcisista e individualizada. 

¿Cómo es posible aprender el amor en soledad? Simple: no es posible. 

Hace tiempo ya se hablaba de las repercusiones del “apego”, de lo peligroso que es la dependencia y que por ello teníamos que ser independientes y libres, desapegarnos y vivir sin ataduras. Para ello, debíamos de regresar a nosotros mismos, y aprender. amarnos a nosotros mismos en total soledad.Creemos intensamente que tenemos que amarnos a nosotros mismos, tenemos que tener un autoestima elevado y un gran sentido de autonomía e independencia para así, solo así, poder amar a otra persona.

Pero olvidamos que nuestra primera experiencia de amor, de todos nosotros, se forma en compañía. Siempre. Exactamente igual al sentido de autonomía y autoestima que solo se puede dar en el contexto de una relación.

El primer vínculo emocional y de amor de todos los seres humanos, es nuestra madre o padre (o el cuidador principal). Solo a través de esa conexión y ese vínculo íntimo y emocional, generamos un concepto de validez de nosotros mismos, o bien, autoestima. (“Si recibo amor y protección de mi figura materna, es porque soy una persona ‘digna’ de afecto” “Si yo no recibo amor de mi cuidador principal, es porque no valgo lo suficiente para recibir afecto”).

En la medida en que recibimos afecto y protección de una figura durante los primeros años de vida, nuestro sentido de valía, o autoestima, se va conformando. Cuando hay un sentido de autoestima, el amor propio se da como condición inmediata. 

No se trata de “aprender a amarme a mí mismo primero para amar a otra persona”, porque para amarme a mí mismo necesito la experiencia previa de “saber estar” junto con alguien más. Aquello no será algo que se construya en soledad y por sí misma. Al final… hasta la terapia psicológica se da en el contexto de una relación terapéutica, ¿no?

Así, entre mayor seguridad sintamos con alguien, entre mayor la certeza de que hay alguien para nosotros, para esos momentos tanto positivos como negativos; más nos podemos alejar para ser independientes. Al final del día, si algo sale mal, está la certeza de que habrá alguien ahí para sostenernos.

Al final, la sociedad infunde un miedo e incluso un estigma a la dependencia de otras personas, sin mencionar que la “dependencia Sana“* es necesaria, un apego seguro. Entre más cercanos y en sintonía nos sentimos con alguien, entre más seguros nos sentimos en un vínculo; más independientes somos y más nos podemos separar de alguien para poder ser nosotros mismos.

Al final el tiempo, las experiencias, lecturas y personas me enseñaron que, no estamos aquí para estar solos. Estamos aquí para ir en compañía porque solo así, llegamos más lejos.

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-Blueberry

Está bien no estar bien

Olvidamos que somos vulnerables, y eso está bien.

 
Somos seres humanos, y con ello viene cierto grado de vulnerabilidad. 

Sí, soy creyente de que siempre debemos encontrar la forma adecuada de superar las situaciones adversas: siempre habrá algo más, siempre habrá más formas, más pensamientos, más visiones.

Pero a veces, la realidad nos obliga a reconocer que no siempre podemos tolerar tanto en tan poco tiempo. Necesitamos un descanso, cerrar los ojos, respirar y aceptar que está bien no estar bien todo el tiempo. Reconocer que somos seres humanos, y con ello, viene la vulnerabilidad. Está bien reconocer que no siempre es fácil, que la realidad a veces duele y fatiga, fatiga mucho. Está bien reconocer que parece que el túnel pareciera no tener fin. Está bien reconocer la sensación de estar parado, sin ver la salida. Es de humanos reconocer ese dolor y la dificultad que podamos estar pasando, saber sentirlo y expresarlo.

Habrá cicatrices siempre. Y no hay nadie exento de ello. Algunas dolerán más que otras, algunas quizá se borraran con el paso del tiempo, otras permanecerán, sin dolor, pero como memoria. Las heridas no desaparecen al ignorarlas, sino al reconocerlas y cuidarse uno mismo, cuidarse en compañía. 

Está bien reconocer esas heridas, el dolor y la dificultad. Porque solo así podremos seguir adelante, y afrontar lo que sea que venga. Porque tengo la sospecha, que no hay nada en el universo que no podamos sobrepasar, por más doloroso e intenso que sea.

Está bien no estar bien todo el tiempo.





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Confundimos la autoestima con demasiadas cosas

Quien se esfuerza en demostrar el valor propio activamente en los otros, busca en la validación y reconocimiento externo, aquello que internamente no ha sido capaz de aceptar o reconocer. No hay necesidades de demostrar quien conoce su valor propio. Lo demás son máscaras.

Confundimos demasiadas cosas con una autoestima elevada. Creemos que el proclamarnos infinitamente felices, y mostrarnos eufóricos y sonrientes, significa directamente una gran confianza y seguridad. Creemos como seguros a quienes afirman continuamente sus cualidades, explícita y activamente, en el mundo, asegurando lo que consideran que son, buenos, increíbles, exitosos…

No, no, no.

Quizá, solo quizá, se trate de alguna máscara más. Una máscara que intenta demostrar tan intensamente algo que en fondo es difuso o casi nulo. Una forma barata de convencimiento del Otro sobre el valor propio.

Con el paso del tiempo, vemos sonrisas vacías y ruidosas, envidiándolas e incluso tratando de adoptarlas. Con el tiempo, escuchamos risas escandalosas, con gestos exagerados, tratando de darle veracidad al rol que no es más que una apariencia. Una forma de convencimiento…

Con el paso del tiempo, nos damos cuenta que, quien realmente está en paz consigo mismo, jamás tratará de exhibir a los otros sus cualidades. La seguridad no es bulliciosa ni exuberante, será más el estado interno de satisfacción, que no necesita ser validado por alguien más.

 

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-Blueberry

Blueberry quote blue

Reflexión: No puedes amar una máscara

¿Alguna vez te has cuestionado si esto es lo que quieres estar viviendo? ¿Estás satisfecho con tu día a día, cuando no puedes publicar lo que haces o tienes? ¿Qué te pone la piel de punta? ¿Qué hiciste hoy por darte gusto a ti, sin decirle a nadie más? ¿En qué piensas cuando estas atorado en el tráfico y no tienes como esconderte de ti mismo?

 La autenticidad, una palabra que resuena dentro del conjunto de las representaciones mentales impuestas por nuestra sociedad, que constituyen el mundo que conocemos como hoy. Un hoy tan completamente inmerso en la necesidad de validación, que pensamos que la normalidad del ser humano es estar en constante búsqueda de la respuesta gratificante de los otros hacia nosotros. De esta forma creemos que conseguiremos lo que se conoce popularmente como la “felicidad”. La validación se vuelve tan adictiva que es la prioridad absoluta que rige nuestras vidas, escondiendo hasta de nosotros mismos nuestra verdadera identidad, esencia, o lo que se conoce en la psicología analítica como el “self”.

Buscamos en otros la aceptación que deberíamos darnos a nosotros mismos. Y aquí renunciamos a nuestra libertad. En esta lucha por alcanzar lo inalcanzable, nos desintegramos, y parece ser que hay una constante de patologías conocidas como depresión, ansiedad, adicciones y otras, con mayor o menor gravedad, pero con la misma raíz: las representaciones mentales de nuestro “self” con respecto al otro.

Tenemos que aprender a dejar de crear patrones adictivos con las personas, así como con cualquier otra cosa que nos haga sentir bien momentáneamente. Dejar de conformarnos con situaciones que cuestionan nuestro valor por recibir de vez en cuando esa validación temporal. Desacostumbrarnos a la sensación de felicidad efímera, que fácilmente se quiebra en mil pedazos, cuando la dejamos en manos de algo externo.

Estamos condicionados a formar una imagen interna de nosotros mismos de acuerdo al juicio del otro y sus calificaciones vacías, basadas en las propias carencias de quien califica. Juzgamos a través de nuestras propias inseguridades. Lastimamos a través de nuestro propio dolor. Le tenemos tanto miedo a la vulnerabilidad que preferimos crear un falso sentido de seguridad basado en el reconocimiento que obtendremos al tratar de perseguir los ideales de perfección inalcanzables, a los que parece ser que todo mundo quiere llegar.  Desde la persona con la que decidimos estar, la profesión que decidimos ejercer, hasta dónde, cómo y con quien decidimos invertir lo más preciado que tenemos que es el tiempo.

 La comparación es la peor forma de autoagresión que te puedes hacer a ti mismo. Esta compulsión tóxica que tenemos nos devalúa internamente de forma que dejamos de reconocer nuestro sentido verdadero del “self”, y es ahí cuando muere la autenticidad, y con ella tu amor propio. El amor que te tienes a ti mismo, es tu concepción o “schema” de lo que entiendes por amor. Si este es en base a una compulsión inconsciente o búsqueda de validación, el mundo exterior responderá inconscientemente de la misma forma hacia a ti.

“Conocernos”; entender nuestro “self”. Llegar a ello toma dedicación, toma tiempo y sobretodo, atrevernos a cambiar el foco hacia adentro. A soltar lo que nos sostiene superficialmente, y dar pie a la seguridad que adquieres al ser responsable de tu propia felicidad, retomando el poder de ti mismo. Reaprender lo que es gozar. Disfrutar.

 El amor propio no es estar orgulloso de tu red social, pertenencias materiales, puesto de trabajo, sueldo, persona con la que eliges compartir tu vida, status social, etc. Todas esas son máscaras baratas y mecanismos de defensa que esconden a lo que tanto le tienes miedo. Al aceptar finalmente que la realidad de ti no es lo que pretendes ser, sino lo que hay detrás.

Todos tenemos una historia, con errores e imperfecciones, algunos más grandes que otros, pero finalmente las emociones se viven igual. El ideal de perfección es una ilusión. Hoy lo único que es real, es la persona que está aquí sentada leyendo esto, producto de esa historia. La verdadera naturaleza del ser humano es la vulnerabilidad. La eterna búsqueda del reconocimiento y aceptación de tu imperfección única. Esa es la autenticidad, y el amor propio nace invariablemente de ella. No puedes amar una máscara.

No puedes amar una máscara.

Tú, ¿Qué máscaras crees llevar?
¿Qué máscara has dejado ya atrás?

-Claudia Verónica Martínez

Este artículo que comparto el día de hoy es producto de mi amiga, colega y compañera de maestría; que conozco desde hace algunos años. Compartimos el gusto por muchas teorías, enfoques y técnicas psicodinámicas. Espero puedan comentar qué les parece.

 

Divagando: Qué quimérico

Qué fácil y simple sería que todo dependiera simplemente de querer algo, de tener esa disposición y desearlo con todo nuestro ser. Qué utópico, qué quimérico… Qué irreal.

Lo he dicho, lo repito, y lo volveré a repetir cuantas veces sea necesario, (me) (te) sea necesario. El optimismo no es suficiente, ser positivo no es la solución. ¿Hasta qué punto llegará la delgada línea entre optimismo y negación de la responsabilidad propia, de una retirada de la realidad?

Uno no se levanta un día decidiendo ser y vivir feliz. Así, sin más.

Uno no decide un día cambiar y hacer las cosas mejores, de reír, beber y disfrutar. Qué simplista, qué inmaduro, qué reduccionista. 

Aquello es algo más complejo y profundo. Viene de un proceso de comprensión, de entendimiento, pero sobretodo, de confrontación con uno mismo. No se trata de la actuación ni apariencia, va más allá…

Un vacío no se llena, se comprende, se analiza el simbolismo…

-Blueberry

Reflexión: ¿Nos aferramos o somos independientes?

“¿Qué es más sano? ¿Aferrarse ansiosamente a los objetos de amor (personas) por miedo a verlos cambiar en cuanto perdemos el contacto con ellos? ¿O abandonarlos periódicamente, convencidos de que siempre seremos capaces de encontrar otros, o incluso de que encontraremos intacto el afecto de los antiguos si nos apetece volver a ellos tiempo después?”

Ningún extremo será jamás sano. No podemos aferrarnos a las personas y depender emocional o físicamente de alguien más. Pero, piensa tranquilamente, no podemos tampoco adentrarnos a un papel de independencia, supuesta seguridad y autonomía todo el tiempo.

Quizá, solo quizá, culturalmente asociamos a las personas dependientes como personas inestables mentalmente y/o poco maduras; al tiempo que vemos como un ideal a alguien independiente, seguro y completamente autónomo. No, no, no.

Piensa, ¿por qué no?

Como dije, nada en extremo es bueno. Las personas muy independientes confían ciegamente en su propia capacidad y sus propios recursos, exponiéndose así a situaciones arriesgadas que les permiten poner a prueba sus capacidades. Pareciera que no aprecian demasiado a las personas y no dudaran de su propia capacidad para encontrarlos posteriormente si deseen dejarlos en algún momento. Así mismo no dudan en su propia capacidad para abandonarlos y sustituirlos si así les parece.

Es decir, estas personas demasiado “independientes” saben que si dejan a alguien por alguna razón, tienen la certeza de que “obviamente” pueden recuperarle cuando lo deseen, o cuando los necesiten. O bien, piensan que siempre habrá mas personas, más amigos…

Regresemos un poco: los seres humanos somos seres sociales. Nacemos en un primer vínculo afectivo (apego), y estamos destinados a siempre vivir en vínculo con alguien más, es lo que define la salud mental. Tampoco se trata de un vínculo en el que dependamos de alguien más siempre. El equilibrio. Un apego seguro en el que seamos capaces de mantener una intimidad emocional a través del tiempo, a la vez que podemos ser independientes y disfrutar nuestra individualidad. Alejarnos y acercarnos a ese alguien cuando hay dificultades. Comprender que la vida no es perfecta y que hay dificultades. Y que cuando las hay, siempre habrá ese alguien, esa base segura a la cual podemos regresar.

Ni tan cerca, ni tan lejos: ahí te quiero, ahí me quiero.

-Blueberry

Reflexión: ¿Quién crees que debes ser?

¿Quién crees que debes ser?

Veníamos en blanco, en un mundo que aparentaba orden en el caos. Las reglas e ideales no estaban dentro de nosotros, se fueron metiendo, poco a poco, conforme los años pasaban y fuimos creciendo. Nos lo dijeron, lo creímos. Lo aceptamos.

Hoy, después de todos estos años de vida, piensa:

¿Qué es todo aquello que siempre has creído que debes ser o lograr?

Será un ideal de madre o padre perfecto. O quizá llegar a un trabajo y remuneración increíble, una posición socioeconómica determinada.

Será quizá sentir que debes llegar a ser ‘alguien’ en la vida, o tener cientos y cientos de amigos para disfrutar de la aceptación y validación.

Será pensar que tienes que tener el cuerpo perfecto, según los estándares absurdos de la sociedad contemporánea; o viajar por todo el mundo e infundir una ‘admiración’ superflua.

¿Ser el hijo, hermano, compañero, amigo,  pareja perfecto o perfecta?

Piensa, ¿qué es todo aquello que aspiras en convertirte, o que debes de cumplir día a día para cumplir con los estándares establecidos por ti mismo (tus padres o la sociedad misma? Es bueno desear crecer, pero es fácil caer en un Yo Ideal rígido e insuperable, cuya realidad incluso pudiese estar establecido por reglas que jamás fueron nuestras… Si nuestras expectativas establecidas por nuestro Yo Ideal, son rígidas y no son compatibles con la realidad objetiva, la frustración inundará…

¿Quién te dijo que debías ser así?

¿Quién te dijo que eso te haría más?

 

-Blueberry

Reflexión: ¿Valdrá la pena tolerar lo intolerable?

“El amor es no tener que decir nunca lo siento. El amor lo puede todo”

Si hay una frase que no me canso de decirle a mis pacientes que se encuentran en una relación tormentosa es esto: el amor no es suficiente en una relación.

He perdido la cuenta de cuántas historias de “amor” he escuchado. Relaciones tóxicas, creencias y deseos irremediables de que esa persona es “the one”. Justificaciones y explicaciones donde mencionan que vale la pena tolerar todo el dolor, las discusiones, las diferencias, el control, las humillaciones, distancia, agresión. ¿Vale la pena todo ello por momentos aleatorios y finitos de supuesta felicidad? ¿Realmente valdrá la pena tolerar lo intolerable?

Historias en donde se normaliza o minimiza la interacción que compromete la individualidad dentro de la relación. U otros.

Un momento agradable no justifica todos los demás comportamientos negativos. Nada de eso justificará nuca que te sientas poco querido, triste, humillado, controlado… nómbralo como desees.

¿Qué consideras que vale la pena? I wanna know…

-Blueberry

Reflexión: Date una oportunidad

“Perdónate, acéptate, reconócete y ámate. Date una nueva oportunidad. Recuerda que tienes que vivir contigo mismo para siempre.”

Solo hay una persona con quien estarás el resto de tu vida, y solo eres tú mismo(a). A veces, solo a veces, cuando no controlamos a los propios pensamientos, van acercándose un poco más a nosotros, se meten debajo de la piel, nos envuelven, nos imposibilitan escuchar, nos oscurecen la visión. Vivimos, y vemos, a travez de esos pensamientos, cuales filtros. Una realidad distorsionada. Una realidad ajustada a la capacidad que tenemos de tolerar y aceptar., no más, no menos.

Despertar la conciencia no es fácil, es romper los esquemas. Romperse a uno mismo. Y para ello, es necesario comenzar por perdonarnos y aceptarnos. Poco a poco, día a día.

Dime, ¿cómo podemos iniciar perdonándonos y aceptándonos?

-Blueberry

Reflexión: Es válido cambiar(nos)

“En ocasiones tenemos que abandonar la vida que habíamos planeado, porque ya no somos la misma persona que hizo aquellos planes.”

Estamos en un continuo. Las experiencias nunca cesan, nos transforman, para bien o para mal, dependiendo el grado de conciencia que deseamos y podemos tener sobre nosotros mismos. Un contexto que nos ordena a moldearnos a él, a circunstancias a las cuales tenemos que responder.

Nuestros objetivos no deberían ser estáticos, es válido cambiarlos, pensar nuevo, pensar diferente. Volver al inicio si es necesario. Re-escríbelos las veces que sea necesario, porque la vida jamás se comportará como esperamos. Porque llegarán cosas que no contemplábamos, buenas o malas. Porque todo ello te cambiará, y lo que deseabas hace tiempo, quizá ya no sea lo mejor el día de hoy. Porque, quizá hace tiempo había más personas, o menos personas en tu realidad.

Ya no eres el mismo, y está bien. Tus objetivos igual deberían evolucionar contigo.

 

-B