No eran fantasmas

No había fantasmas, nunca existieron.

Los confundimos con nuestra sombra y con las partes de nosotros mismos que nos negamos a ver.

No había malos recuerdos, solo recuerdos.

Los confundimos con nuestros conflictos que no logramos reorganizar dentro de nosotros.

Siempre fuimos nosotros.

Era tan solo un reflejo.

Co-crear

No importa qué tan buena sea la persona a tu lado, si no te miras primero a ti mismo y reconoces la historia de tu vida y cómo ha impactado en tu presente, no crecerás suficiente.

La maduración es un proceso que viene de mirarse a uno mismo, de reflexionar y reconocer, de dejar a un lado la negación de lo doloroso y poder tolerar. No solo crecemos con ayuda de otros. Es cierto, nadie avanza en soledad, avanzamos acompañados, pero la ello no sirve de nada sin vernos internamente primero.

Es fácil deslindarse de la responsabilidad que tenemos hacernos cargo de nosotros mismos, de nuestras heridas, del dolor. Es fácil aferrarse a la idea de buscar a alguien que acompañe en el camino, que impulse a crecer. Pero cada uno tiene su propio proceso. Nadie puede cargar con su historia y la de alguien más.

Todos hemos sido dañados de una u otra forma, en mayor o menor grado. Ver solo nuestras fortalezas y tener una postura positivista, es ver solo la mitad de nosotros mismos. La mitad de la historia.

Vernos a nosotros mismos en compañía de alguien que también se ve así misma… co-crear.

-B

Madurar nuestro ser

Y comencé a comprender también que el dolor, los desengaños y la melancolía no existe para molestarnos, para sumirnos en un abismo de desasosiego e inutilidad, sino para poner a prueba nuestro temple y madurar nuestro ser.

Hermann Hesse

Microrrelato: Te cuento

Te cuento que no siempre entendía, y se esmeraba por buscar las respuestas, sin haber formulado antes las preguntas adecuadas para aquello que no podía ver.

Te cuento que, soportó sentir sueños destrozarse en ojos llenos de pasión para tanta juventud en la piel. Escuchó el crujido de las esperanzas al desmoronarse mientras encorvaba sus hombros.

Te cuento que, tantas veces miró al cielo y esperó, sin llegar a ver algún cambio o señal. Con una mirada inexperta aún, concluyó que los cambios jamás caerían en el momento indicado o bien, el menos esperado. Comprendió que miradas y suplicas y el mero deseo no son suficiente. Porque, simplemente, así no funciona, es poco probable.

Te cuento que, le tomó suficiente tiempo, como a la mayoría, llegar a la conclusión de que no queda más que aprender sobre la marcha y tolerar. Que las cosas no siempre sucederán como lo deseamos, por más fuerte que sea ese anhelo.

Te cuento que, comprendió entonces que ese deseo ayuda a veces a entender una parte nueva de nosotros. A vernos desde nuevos ojos.

Creo que, quizá el Otro aún no había entendido, y su comportamiento iba guiado por el impulso y la culpa del momento. Creo que, las palabras solo salieron sin medirse previamente.

Solo le quedó ver, que a veces se sobrelleva sin entender completamente…

Microrrelato: El recuerdo no se erradica

Quería ir en contra de la naturaleza. Luchar contra la condición humana y obligarse a olvidar, en un mundo hecho de recuerdos e historias.

No era más que una fantasía que se había idealizad a lo largo del tiempo y de los años entre las personas: el dese de olvidar, de soltar y hacer desaparecer todo lo malo y que jamás ayudó, quedarse con los buenos momentos de sonrisas y risas.

Pero lo que pasó realmente sucedió y afectó. Las memorias no desaparecerían, sus rostros, las palabras dichas y no dichas, los suspiros ya eran parte de su historia. Sería confuso y aterrador actuar como si nada, ofreciendo sonrisas y palabras que no sabrían a completa sinceridad. Los besos, quedarían en la superficialidad.

A veces la culpa también lo acompañaba, la crítica a sí mismo y el odio a todas las circunstancias pasadas. El coraje… ¿Qué más le haría a todo eso?

Pero el recuerdo no se erradica por completo. Porque lo que vivimos es parte de nosotros, inmutable. No podemos dejar de sentir los sentimientos incómodos, pero podemos llegar a sentirlo menos,

Microrrelato: Fantaseamos

Fantaseaba con lo que se enseñó que se debía fantasear. Metas efímeras e infinitas destinadas a terminar en insuficiencia.

Pensó que así era, que lo estaba haciendo bien. Quizá. Solo quizá.
Había nacido como un pensamiento, de esas fantasías que ayudaban a pasar los días y los malos ratos. No era algo muy concreto en su mente, eran como colores intentando integrarse en algo coherente. Mas, en el fondo quedaba esa sensación que predominaba: un deseo de pertenecer.

Había sido algo difícil el camino, no siempre, pero a ratos. Aprendió de alguna forma a mostrar ser valiente y positiva, luchar por lo que quería, a sonreír, a ser siempre diferente.

Aunque jamás se dio cuenta que aquellos anhelos jamás fueron sus anhelos. Que los suyos se habían perdido en la dificultad de los días y en las miradas que jamás la vieron. Aquello era la superficie, la sociedad diciéndole cómo debía de ser.

No era la independencia el objetivo. Era tolerar el dolor que jamás se podría evitar. Estar lleno, aún así.

Pero tampoco era culpa suya. Simplemente no sabía más.