Microrelato: habría que arriesgarse

Los años le habían enseñado a disimular terriblemente bien.

Era la contradicción en la conciencia. El deseo se trasmitía como indiferencia. La irrefutable necesidad de hacerse presente y ganarse ese privilegio, y la racionalidad que sugería alejarse… porque nadie está listo para el rechazo, porque nadie se arriesga de aquella forma.

Si. Definitivamente un muro intangible que separaba. Palabras formales y directas, seleccionadas cuidadosamente para no sugerir cualquier cosa que su mirada no pudiera ocultar. Un poco de indiferencia, un poco de seriedad y cuasi apatía.

¿Que tenían esos ojos? A veces no ocultaban bien.

Quizá en un momento de locura, hubiera dejado de pensar tanto y simplemente hubiera actuado. Ni siquiera habría que decirlo, porque ambos lo advertían. Un abrazo, tres besos. No soltarse.

Pero aquello solo ocurría en las películas malas que nada tienen que ver con la realidad.

Habría que arriesgarse tal vez.

Blueberry

El síntoma de este siglo ¿Y la felicidad?

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Freud y  Lacan decían que un síntoma es una forma de enfermar que tiene que ver con la expresión simbólica de un conflicto y también con una manera de gozar.

Claro, en tiempos de Freud un síntoma se daba debido a un conflicto entre fuerzas intrapsíquicas. Hoy sabemos que aquella idea se encuentra incompleta, aunque tiene algo de sentido en el contexto de Freud y de ese siglo. ¿Hoy? Hoy tiene que ver con el aspecto relacional, no hay duda alguna sobre ello.  Gustavo Dessals menciona que el síntoma de este siglo tiene que ver con el autismo y la promoción exacerbada del individualismo que se apoya en el derecho a gozar.

Inmersos en sociedades que promueven el consumismo como si fuese una religión, crecemos con un pensamiento alienado sobre lo que supone la felicidad. Lo vemos como un imperativo, un falso imperativo que debemos y necesitamos vivir. Vivir dentro de un continuo goce inmediato.

Aprendemos que necesitamos seguir ese ritmo que la sociedad ordena. Necesitamos ser felices y promoverlo, demostrarlo. Y el error no es ese en esencia, sino lo que la sociedad entiende por felicidad. Se vive en la actualidad bajo la creencia de que debemos de vivir en un continuo estado de goce, de éxtasis si así lo prefieres.  Tenemos que llegar a ese punto clímax de felicidad.

Y, ¿quién definió aquella felicidad? No importa.

¿Cuál es el síntoma de esta sociedad? La eterna insatisfacción. El pensamiento alienado sobre la felicidad, sobre el imperativo del continuo goce.

¿No sería la felicidad el estado de equilibrio y no el continuo goce que la sociedad demanda hoy en día? Quizá, solo quizá, la felicidad sea el estado adaptativo de sobrellevar  los obstáculos de nuestra vida. De vivir en comprensión y asimilación de que las emociones negativas tiene una función y no se debe reprimir. Quizá, solo quizá, la felicidad sea el estado de regulación mental ante los distintos estados y situaciones que se nos presenten. Volver a nosotros mismos, esa capacidad.

 

Es el tormento de la felicidad que se ha vuelto obligatoria, en lugar de deseable.

¿En qué has pensado al leer esto?

-B