Dejar ir es una trampa

Dejar ir, seguir hacia adelante, sin reparar, sin asumir, sin elaborar ni comprender es una trampa.

Una trampa que supone sacrificar nuestra coherencia interna y apartarnos de la realidad de la consciencia en un desesperado esfuerzo de reparación maníaca. El dolor no desaparecerá solo por optar ignorarlo.

Existe la opción de enfrentarlo.