Y resultó así

A veces defenderse tanto contra ese miedo tan grande que no para de existir… hace realidad el dolor del que supuestamente tratamos de evitar.

Cuidamos tanto alejarnos del dolor, que la misma inacción hace lo suyo.

No moverse también lleva la cuenta.

B

De tus recuerdos

Tanto tiempo perdido en buscar y definir explicaciones, cuando a veces solo basta hablar de los recuerdos, incluso de aquellos imaginarios.

Platicar de los fantasmas que generamos, aún sin ser conscientes de ello.

Aceptar las sensaciones que quedaron debajo de la piel y de las cuales quizá aún no seamos capaces de escapar.

Ahora, háblame de tus recuerdos…

No eran fantasmas

No había fantasmas, nunca existieron.

Los confundimos con nuestra sombra y con las partes de nosotros mismos que nos negamos a ver.

No había malos recuerdos, solo recuerdos.

Los confundimos con nuestros conflictos que no logramos reorganizar dentro de nosotros.

Siempre fuimos nosotros.

Era tan solo un reflejo.

Se comprende hacia atrás y se vive hacia adelante

Suena tan bien decir que hay que darle la vuelta a la página, no mirar atrás, y avanzar. Tan fácil. Y tan fácil caer en los mismos patrones si no se comprenden.

Mirar hacia atrás no es más que mirarnos en retrospectiva. Habrá que comprender que lo que hicimos nos ayudó en ese momento dado, y por qué ello ya no nos funciona más.

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Blueberry

Microrrelato: con historias en la piel

Había algo ahí que te hacía pensar que lo que estaba a simple vista simplemente no podía ser todo. Era algo en la forma en que veía su mundo, su alrededor, hasta sus propias manos; que te dejaba profundamente pensando.

Era una ligereza sutil y vaga, pero jamás se podía ignorar por completo. Era algo más complejo, se metía hasta en la piel, una sensación que no te permitía dejarlo pasar desapercibido.

Caminaba con aparente seguridad, con soltura y hasta una pizca de ambición. Pero siempre y cuando te distrajeras un poco y le observaras de reojo, se vislumbraba casi claramente esa superficialidad en todo su espectáculo y esa forma característica de ser. Aquella forma de caminar que solo trataba de tapar algo más profundo, una inseguridad casi asimilada.

Y como todas las personas que dicen aceptar sus inseguridades, también tendía a transformarlas en risas y humor ligero. Casi real. Casi lograba hasta creerlo. Casi. Con esas historias que llevaba en la piel y que le habían servido como escudos y vendas, para tapar todo el mal que algún día fue. Para transformarlo y ahora verlo como un recuerdo lejano, un recuerdo, que sin darse cuente, se distinguía a ratos.

Y como pocas personas que sienten de verdad, le era más fácil aplacarlo un poco, ignorarlo incluso y sentir que sentía como el resto… dejando salir a ratos una genuina emoción a lo que no cualquiera le encontraría el mismo sentido.

Las cicatrices también eran de memorias.

-Blueberry

Nadie ama amándose a uno mismo primero

Hace tiempo que la edad y las creencias me enseñaron que, para amar, hay que amarnos a nosotros mismos primero. Sonaba lógico, todos lo decían y para ser sincera, parecía tener sentido, ¿no?

Pero, con el paso de los años, aquella idea quedó tan superficial como simplista. Sí, sonaba poético, romántico, motivador… e increíblemente reduccionista, perfectamente característico de una sociedad que tiende a la satisfacción inmediata narcisista e individualizada. 

¿Cómo es posible aprender el amor en soledad? Simple: no es posible. 

Hace tiempo ya se hablaba de las repercusiones del “apego”, de lo peligroso que es la dependencia y que por ello teníamos que ser independientes y libres, desapegarnos y vivir sin ataduras. Para ello, debíamos de regresar a nosotros mismos, y aprender. amarnos a nosotros mismos en total soledad.Creemos intensamente que tenemos que amarnos a nosotros mismos, tenemos que tener un autoestima elevado y un gran sentido de autonomía e independencia para así, solo así, poder amar a otra persona.

Pero olvidamos que nuestra primera experiencia de amor, de todos nosotros, se forma en compañía. Siempre. Exactamente igual al sentido de autonomía y autoestima que solo se puede dar en el contexto de una relación.

El primer vínculo emocional y de amor de todos los seres humanos, es nuestra madre o padre (o el cuidador principal). Solo a través de esa conexión y ese vínculo íntimo y emocional, generamos un concepto de validez de nosotros mismos, o bien, autoestima. (“Si recibo amor y protección de mi figura materna, es porque soy una persona ‘digna’ de afecto” “Si yo no recibo amor de mi cuidador principal, es porque no valgo lo suficiente para recibir afecto”).

En la medida en que recibimos afecto y protección de una figura durante los primeros años de vida, nuestro sentido de valía, o autoestima, se va conformando. Cuando hay un sentido de autoestima, el amor propio se da como condición inmediata. 

No se trata de “aprender a amarme a mí mismo primero para amar a otra persona”, porque para amarme a mí mismo necesito la experiencia previa de “saber estar” junto con alguien más. Aquello no será algo que se construya en soledad y por sí misma. Al final… hasta la terapia psicológica se da en el contexto de una relación terapéutica, ¿no?

Así, entre mayor seguridad sintamos con alguien, entre mayor la certeza de que hay alguien para nosotros, para esos momentos tanto positivos como negativos; más nos podemos alejar para ser independientes. Al final del día, si algo sale mal, está la certeza de que habrá alguien ahí para sostenernos.

Al final, la sociedad infunde un miedo e incluso un estigma a la dependencia de otras personas, sin mencionar que la “dependencia Sana“* es necesaria, un apego seguro. Entre más cercanos y en sintonía nos sentimos con alguien, entre más seguros nos sentimos en un vínculo; más independientes somos y más nos podemos separar de alguien para poder ser nosotros mismos.

Al final el tiempo, las experiencias, lecturas y personas me enseñaron que, no estamos aquí para estar solos. Estamos aquí para ir en compañía porque solo así, llegamos más lejos.

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-Blueberry

El cambio viene del proceso interno

Decidir cambiar es una cosa. Quizá es el primer paso, pero el primer paso de un montón más.

Un cambio involucra el rompimiento de un patrón de comportamiento y pensamiento, el cual jamás es fácil. Involucra vernos a nosotros mismos, muy adentro, y ver aquellas partes que tratamos de ocultar. Un cambio no siempre es un proceso fácil, involucra compromiso, tiempo, e incluso dolor. Un dolor que siempre valdrá la pena.

Finalizar por completo una etapa e iniciar una nueva. Y eso, por más fácil y bonito que se escuche, no siempre es fácil es fácil.

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Blueberry