Microrrelato: Hasta la insensatez

Y un día tendría que aprender que no lo podía controlar todo, que por más esfuerzo, incluso más allá de su propia capacidad, jamás sería suficiente. No se debería a una mera incapacidad o incompetencia, sino porque la realidad no respondería bajo sus leyes, ya tenía las propias.

Quiso mirar a sus ojos apenas unos segundos, hacerse presente, mantenerse en el pensamiento de su acompañante un rato mas y no desaparecer. Desaparecer.

Porque al final, de eso se trataba, ¿no? De mantenerse vivo en el pensamiento del otro. Existir ahí, no solamente en uno mismo, sino de permanecer en otra mente. Vernos a nosotros mismos en otros, para así validar nuestra propia existencia.

Pero aquellos ojos que tanto había deseado con desesperación no respondían más, quizá le miraban de reojo, pero no era lo que necesitaba. No existía manera de entenderlo de alguna otra forma más que, todo se desvanecía con el tiempo. Los recuerdos se iban desprendiendo de la piel, y las sensaciones desaparecían en el aire.

Quería gritar, estallar en desesperación, llorar y hacer todo terminar. El aire se había ido, la sangre no fluía. Una exasperación que solo podía sobrecogerle hasta la insensatez. Los sentimientos ya no tenían sentido, porque ahora todo fluctuaba más rápido de lo que podía percibir. La sensación de rabia y deseo de hacerle sentir peor de lo que alguna vez sintió en toda su vida… y el infinito amor que amenazaba con jamás irse y demandaba el lugar que antes fue.

¿Habría sido un sueño o realmente estaba gritando hasta olvidar su propia voz? Deseaba desesperadamente su atención. Necesitaba hacer algo para aparecer una vez más en el reflejo de esos ojos y permanecer ahí. Porque… porque al final, aquello aseguraba su propio sentido.

No, aquello no era amor, era sobreviviencia narcisista. La intolerancia a la sola idea de liberarle, y aceptar su propia desaparición no solo en la vida del otro, sino de sus pensamientos. Su desaparición.

-Blueberry

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¿Te enfocas solo en encontrar soluciones?

El objetivo último no es siquiera afrontar todas las adversidades y el mundo que nos rodea, sino afrontar nuestra propia percepción, entender las atribuciones y significados que le damos a nuestra realidad.

-Blueberry

Creo que somos más complicados que todo ello. No es siquiera solamente encontrar soluciones y acciones adecuadas a los problemas o dificultades que nos rodean, para poder llegar a una meta específica: la felicidad, la paz interna, la tranquilidad infinita, o llámale cómo desees. Va más allá, es más complejo y siempre, siempre, tiene que ver con uno mismo.

¿Qué le hace a esas situaciones un problema para nosotros, o una dificultad? ¿Por qué para ti una situación es complicada o dolorosa y por qué para alguien más no lo es? Nunca, nunca, nunca es la situación en sí; sino el simbolismo que cada uno le otorga. No vamos a afrontarlo y revolverlo como acción específica y resolución de problema y ya. Vamos a pensar qué de nosotros mismos nos hizo verlo de esa forma. Qué significado tiene la percepción y atribución del evento que hemos creado.

¿Qué significado le doy a MI propia percepción de la situación? ¿Por qué percibimos lo que vivimos como lo hacemos?

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Blueberry

Microrrelato: No se miente a uno mismo eternamente

Levantó la mirada con seguridad, y miró el reflejo que años atrás le veía crecer, en silencio, en admiración.

Por un momento pensó que había sido su imaginación, se asustó y tapó su boca como acto reflejo ante la confusión. El tiempo casi se detuvo, iba lento, espantosamente lento. El reflejo en el espejo bajó la mirada a modo de desaprobación, para después mirarle una vez más directa y fríamente a los ojos. Abrió la boca lentamente, y comenzó a dar una respuesta, como si hubiese escuchado sus pensamientos previos.

Juraste que aquella máscara que te creaste hace años sería solo momentánea, que te serviría poco, e ignoraste que, las máscaras, tarde o temprano, se adhieren a la piel. Te aterraron tanto tus propios sentimientos, que decidiste cubrirlos con un falso optimismo. Podrás hacerle creer a todos sobre tu supuesta felicidad y positivismo infinito, pero a mí no me puedes mentir. No se puede mentir a uno mismo por siempre. No es convicción y pasión por lograr eso que deseas. Es desesperación y arrogancia. Aferrarte a memorias ya muertas no las hará regresar. Aparentar una imagen no lo hace real.

La respiración se detuvo por un momento, sin embargo, su pensamiento se aceleró. Pensó primero que estaba soñando, que no era posible que los reflejos respondieran de aquella forma. Dudó, dudó de lo que había escuchado y de lo que había visto. Quizá, efectivamente había llegado el momento en que su mente había colapsado y veía lo que no es, sus miedos e inseguridades. Miró a su alrededor, todo parecía normal. Pensó si había sido una broma, quizá alguien jugaba con sus pensamientos. Miró una vez más al espejo. El reflejo había vuelto a la posición que le correspondía. Le miró con suspicacia. Nadie, ni el reflejo mismo, le haría irse abajo.

Retrocedió un poco, y tomando lentamente una botella de vidrio que estaba sobre la mesa, la aventó con todo el miedo y deprecio que tenía, hasta ver caer al suelo los fragmentos del espejo que nunca más le delatarían.

 

 

-Blueberry.

Microrrelato. Extracto de un libro que jamás escribiré II

Ali

Parte 1

 

A pesar de que todo su interior parecía estar a punto de colapsar de tanto enojo, su piel se mostraba fría, inexpresiva, casi malvada. Había pasado horas en su habitación, caminando, dando vueltas, pero tal parecía que no había nada más que pensar. Se tumbó en la cama y aguantó el suspiro tan profundo que estaba por salir. Se sentía como en una de esas caricaturas que veía cuando era una niña, dónde el personaje tenía en cada uno de sus hombros a dos personajillos pequeños, uno bueno y otro malo. Entonces, ambos le comenzaban a hablar al dibujo animado, tratándolo siempre de influenciar hacia lo que ellos creían era lo mejor. Pero, ¡Ese era el punto!, pensó. ¿Qué era lo mejor en su caso? Así como para una persona algo es lo más adecuado, para otra persona no es lo idóneo. ¿Cómo podía estar segura de quién tenía la razón si ni siquiera ella misma comprendía lo que le sucedía? Porque, tenía que haber una respuesta, debía de tomar una decisión, no las dos.

La sensación era como si hubiera una guerra en su cabeza. Pero era únicamente una impresión, porque estaba totalmente segura que no había tal guerra, solamente dos vocecillas que le pedían algo distinto, exactamente eso. Era como si su conciencia no se pudiera poner de acuerdo y tuviera dos opiniones diferentes. No podía ver el panorama, o la situación desde fuera, le era imposible. Era como si aquella escisión le nublara la vista, el razonamiento. Y su única preocupación era encontrar una respuesta en ese mismo instante,  no soportaría un día más de aquella forma.

Ali se paró frente al espejo de su habitación. Era grande, probablemente de su tamaño y le causaba una gran admiración, casi se identificaba. Ahí estaba, similar a una ventana donde alguien la podía observar tranquilamente cuanto tiempo quisiera, burlándose de ella, de su vida y desesperación. Se sentía observada a pesar que el único reflejo en el espejo eran sus propios ojos oscuros y calmados. Alguien del otro lado de ese cristal se reía escandalosamente sin poder parar, disfrutando de su desdicha y estupidez. Y no había nada que ella pudiera hacer al respecto. Siempre había sido así, y debido a esa misma razón siempre evadía voltear directamente al espejo por mucho tiempo, no permitiéndole esa satisfacción de sus ojos y posibles sentimientos. Pero en aquel instante la risa que casi podía escuchar proveniente del reflejo era insoportable, no como el resto de las veces, un poco silenciosa y discreta. Las voces le seguían hablando, pero esta vez lo hacían tan rápido que simplemente no lograba entenderlas. Quise decirles que se callaran, pero su boca solo temblaba, no podía hablar. Estaba rígida en aquel instante. Pero parecía que algo dentro de ella estaba a punto de ebullir. Así, sin más, soltó un golpe rápido y bastante fuerte para su frágil cuerpo, quebrando su propio reflejo en cientos de pedazos. Apenas hizo una pequeña expresión en su cara, pero no había sido de dolor. No, el dolor físico ya no tenía efecto en ella, lo había logrado vencer hace ya tiempo. Su expresión había sido de preocupación al, extrañamente, verse a ella misma romperse, como si hubiera adivinado cómo se sentía por dentro. No era una sola división dentro de ella, eran cientos, miles de partes rotas que quizá jamás volverían a juntarse para ser una sola.

Entonces, como si alguien la sacara de golpe de una realidad, escuchó que alguien tocaba la puerta bastante fuerte. Era su mamá y preguntaba preocupada qué había sido ese sonido tan fuerte.

-Fue el espejo, mamá.

– ¿Cómo que el espejo? –le preguntó mientras seguía golpeando la puerta, esperando a que su hija le abriera.

-Estaba tratando de mover el espejo –le respondió mientras le dejaba pasar y ver el desastre- quería ver si se vería mejor en otro lado.

-Pero “mijita”, ¿no te lastimaste? Está demasiado grande para ti, hubieras esperado a que viniera tu papá a ayudarte –Su preocupación era bastante notoria en su voz, pero sus ojos parecían decirle que no le interesaba en lo más mínimo.

-No –dijo tranquilamente mientras escondía discretamente su mano derecha detrás de sí.

-Bueno, ahorita mando a alguien para que limpie, ten cuidado, no vayas a pisar descalza los vidrios –Le dijo mientras salía de la habitación sin cerrar la puerta.

Ali se quedó ahí un momento, contemplando lo que acababa de hacer. Sintió que ya no tenía nada que la detuviera, era el momento adecuado para hacer algo al respecto y hacer notar de alguna u otra manera lo que pensaba. Sintió cómo incluso ambas voces en sus hombros la exhortaban a hacerlo. La decisión estaba tomada, a pesar de que no tenía ni idea de qué haría con exactitud. Era únicamente la certidumbre que tenía que hacerlo.

(…)

 

-B