El tiempo no perdona

El tiempo no perdona. Avanza. Nada lo detiene. Pero ello poco o nada tiene que ver con la posibilidad de reorganizar nuestro sentir, nuestra historia de vida, lo vivido… lo callado…

La posibilidad no desaparece.

B

Final

No hay inicio sin un final. No hay final sin conciencia de ello. No hay conciencia sin dolor. Y el dolor siempre acompañado de la capacidad de reflexión e integración.

-B

De expectativas

Porque estamos programados para aprender de lo ajeno de nosotros, anticipamos el comportamiento del otro. Aprendemos a desarrollar expectativas y así poder organizar nuestro comportamiento en torno a ello.

Porque las expectativas, la anticipación de la intencionalidad de los otros, nos ayuda a organizar el mundo y a nosotros mismos. Esas expectativas y diálogos internos no desaparecen, ahí estarán, quizá se transformarán con el tiempo.

Hay quienes no lo ven, y van buscando personas transparentes y en blanco, como si aquello fuera la naturaleza humana.

Lo importante es ser conscientes de nuestra forma de ver el mundo, de lo que tendemos a anticipar de las personas o situaciones y cómo reaccionamos y nos sentimos en base a ello. Ver nuestra propia forma de reflexionar que h surgido de nuestra historia.

Relaciones objetales, modelos operativos internos, los llamarían algunos psicoanalistas…

-B

Casualidad

“Se sorprenderían de saber que ya hace mucho tiempo que la casualidad juega con ellos, una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino, que los acercaba y alejaba, que se interponía en su camino…”


-Wisława #Szymborsk

Y resultó así

A veces defenderse tanto contra ese miedo tan grande que no para de existir… hace realidad el dolor del que supuestamente tratamos de evitar.

Cuidamos tanto alejarnos del dolor, que la misma inacción hace lo suyo.

No moverse también lleva la cuenta.

B

Microrelato: habría que arriesgarse

Los años le habían enseñado a disimular terriblemente bien.

Era la contradicción en la conciencia. El deseo se trasmitía como indiferencia. La irrefutable necesidad de hacerse presente y ganarse ese privilegio, y la racionalidad que sugería alejarse… porque nadie está listo para el rechazo, porque nadie se arriesga de aquella forma.

Si. Definitivamente un muro intangible que separaba. Palabras formales y directas, seleccionadas cuidadosamente para no sugerir cualquier cosa que su mirada no pudiera ocultar. Un poco de indiferencia, un poco de seriedad y cuasi apatía.

¿Que tenían esos ojos? A veces no ocultaban bien.

Quizá en un momento de locura, hubiera dejado de pensar tanto y simplemente hubiera actuado. Ni siquiera habría que decirlo, porque ambos lo advertían. Un abrazo, tres besos. No soltarse.

Pero aquello solo ocurría en las películas malas que nada tienen que ver con la realidad.

Habría que arriesgarse tal vez.

Blueberry

Se estaba bien así

Estaba bien. Siempre terminaba bien. Se quedaría una vez más con un montón de libros y suspiros que concluirían al amanecer. Con expectativas que no encontrarían fin y no tendrían más remedio que mutar.

Estaba bien. Siempre se las arreglaba encontrando respuestas lógicas que calmaban la realidad y ayudaban a analizar las tormentas. Al menos, por unos instantes. Al menos, acompañada de café y letras.

Se estaba bien así.

-Blueberry

Bastaba con ver

Pero cualquiera en su sano juicio hubiese tardado tan solo algunos segundos para saber que aquello era tan solo mera apariencia. Bastaba con verle de verdad y comprender…

Comprender que muchas veces los ojos dicen más que una sonrisa y una postura. Que el silencio también esconde anhelos y algunos miedos. Que la seguridad muchas veces es inseguridad mal camuflajeada.

Siempre había más. Al menos por momentos..

-Blueberry

De supuestas normalidades

La conciencia de los propios patrones parece fácil, pero ¿cómo ser consciente de aquello que siempre fue? Siempre estuvo ahí, es una normalidad. Exacto, eso, normalidad. Y la normalidad no quiere decir que es adecuado, simplemente lo aceptamos, porque así es, no existe una explicación, nos lo enseñaron e introdujimos en nuestro pensamiento, todo sin darnos cuenta de aquel proceso.

 

¿Qué has normalizado en tu vida?

 

¿Qué es siquiera lo normal?

El hecho de que un patrón en nuestro comportamiento lo percibamos como “normal”, no quiere decir que está bien. Y ahí encontramos el verdadero reto: ver(nos). ¿Cómo vernos desde afuera, sin los patrones y sin las reglas que nos establecieron desde siempre?

¿Cuántas quejas de personas no has escuchado, un malestar evidente hasta el infinito? Pero la supuesta normalidad mantiene todo inmutable. Una respuesta vacía que nos hace creer que la respuesta está clara: así es. ¿Así tiene que ser? ¿Nos atenemos a tolerar todo lo que nos sumerge en un malestar emocional porque no hay “opción”? Olvídate de la normalidad, no existe, no encontrarás definición. Si te hace sentir mal, cámbialo. Cambiate.  Permítete dejar viejos patrones ni no te traen tranquilidad…

 

Permítete sentir. 

Si no te da paz, seguridad, tranquilidad, ¿por qué sigues ahí?

-B