Desear no mueve la realidad

No funcionó. Fue absurdo contemplar la idea de que, pensado y soñando tanto, quizá ocurriría.

El café se acabo demasiado pronto, la piel ahora se sentía diferente, traía otros recuerdos.

Las palabras ya no sabían qué contar, estaban cansadas de lo mismo.

No, desearlo con intensa fuerza no mueve la realidad. Habrá que hacer algo más.

Somos creadores de realidades

Explicaciones. De eso se trataba todo. De entender y comprender. De obtener un sentido. Siempre lo había impulsado el deseo de descifrar. Llegar al objetivo.

Pero en el proceso se perdió, olvidó que somos creadores de realidades.

Jamás llegaría a la explicación final de lo vivido. No existe.

Tanto tiempo tratando de descifrar, que se aferró sin saber, a un enredo de una subjetividad sin fin.

Solo le bastaron cientos de lágrimas para asimilar que se trataba de reimaginar y de conciliarse con sus recuerdos. Que ellos jamás se irían. Se quedarían en la mente, como un eco, a lo lejos, casi siempre presente.

Suspiró. Obstinado en la idea de llegar a la explicación lógica, negó que la otra persona también era autora de su realidad. ¡Claro! Cada uno lo había vivido diferente. Las mismas palabras las sintió cada uno de tal forma tan particular en la piel… Y era eso. Que uno nunca podría saber a qué le supo a la otra persona todas esas frases y suspiros. Nosotros le damos ese significado, lo creamos. Somos autores de nuestra realidad, no de la realidad de los demás.

Había ya pasado tanto tiempo, incluso había intentado dejar de pensar, no tenía más sentido. Había tratado de analizar cada mínimo instante y palabra dicha en aquel entonces. Cada movimiento, cada roce de piel, cada posible intención.

Era agotador.

Palabras se habían adherido al presente. Ya no podía enloquecer.

No existían verdades absolutas. Existían historias. Las historias que podíamos narrar sobre nosotros mismos, aquello que nos daba un sentido.

-Blueberry

Microrrelato: La realidad no siempre encaja

Había vivido en la búsqueda de aquellos ojos que respondieran. Guiado con la idea insostenible de que algún día mirarían de vuelta. Creyendo, bastante convencido, de que el día llegaría y cambiaría todo. Y quizá así fue en algún punto, pero con el paso de los días y meses comprendió que no había sido en la forma que había imaginado. Porque la realidad no podía responder y satisfacer esos deseos narcisistas. Porque la realidad no siempre encaja. Y solo le quedaba pensar, ¿qué haría con todo lo que nunca pudo ser, con todo lo que dejó en sueños?

-Blueberry

Somos historias en proceso

Al final, somos las historias que somos capaces de narrar sobre nosotros mismos, sobre lo que hemos vivido y lo que nos ha tocado enfrentar. Sobre lo que han hecho de nosotros y hemos, o no, aceptado. Somos el resultado de la forma en que hemos llegado a entender nuestras vivencias subjetivas.

-Blueberry

Microrrelato: Vaivén

¿En qué momento todo lo sobrepasó?

¿Cuál fue el instante en que todo se enredó y posterior a ello creció sin un control, desbordando toda posibilidad?

Pensamientos obcecados que no permitían procesar mas, que resultaban en incapacidad para actuar. Ya no había ganas de nada, o quizá sí, pero fluctuaba con una profunda desesperanza.

Acentuó una ligera sonrisa y abrió su libro favorito. Era la mejor forma de distracción que conocía. A pesar de saber que ello no resolvería nada y jamás haría cambiar la realidad. Pero aquella vez el libro no sabía igual, parecía no tener sentido alguno, ya no ofrecía respuestas. Y pensó…

Recordó el primer día, aun se sentía tan cercano. Recordó las sonrisas y las risas que le supieron a tranquilidad desde el primer instante. Había sido todo tan natural, como si lo hubiera esperado. Un abrazo, tes besos, dos miradas…

A partir de ahí todo fue cambiando, y ni siquiera se había dado cuenta. Todo se había acomodado. “Click”. Algo encajó. La sensación de extrema estupidez al imaginarse algo tan precipitadamente, como los niños guiados por la fantasía y los impulsos, se fue con el paso de los días y los meses cuando aceptó que quizá ello era normal. Que quizá en ese contexto en específico tenía sentido, que quizá de esa forma se sentían los demás.

Se había creado tanto en tan poco. Tanto a pesar de encontrarse en un vaivén de pensamientos guiados a ratos por miedo e inseguridad, así como fantasías y expectativas. Un vaivén que finalmente les hizo ver… parcialmente.

Cayó en la trampa sin querer ver. Le fue fiel a una sombra que pensaba solo para sí… Quizá nunca despertó por completo.

¿En qué momento todo se revolvió? ¿En qué momento la historia se invirtió?¿En qué momento los ahogó el pánico y el hastío?

¿Las historias también cambian?

Levantó la mirada del libro que ya no le decía nada nuevo esta vez. Y vio aquellos ojos a lo lejos. “Click“. Un abrazo, tes besos, dos miradas…

Microrelato: No todas las historias encajarían

Nunca había logrado olvidar el primer día en que la vio… como suele suceder con las personas que revuelven sin que uno lo acepte desde el primer instante.

Entre las personas y el ruido que entorpecía las conversaciones, ahí estaba, hablando a ratos y sonriendo. Sí, se vieron de reojo, como no queriendo, como si ello no tuviera importancia, una sombra más, alguien más sin nombre.

Quizá había algo ahí, o al menos eso decían los libros y películas superficiales. Pero algo intangible le impedía ver en otra dirección, el miedo de no verla más. ¿Alguna vez había creído realmente en esas cosas que ni siquiera se podían explicar? Quizá no.

Parecía tranquila, como si tuviera su vida resuelta. Sonreía, como si comprendiera a todos a su alrededor y les entendiera. Ensordecedoramente simple, con una pizca de indiferencia que solo despertaba querer saber más.

Se acercó sin haber pensando antes cómo. De eso se trataba, de improvisar, ignorando cualquiera inseguridad. La miró de espalda, parecía contemplar algo sin importancia. Suspiraba como si todo estuviese en orden.

Y una sonrisa y una pequeña risa juguetona había bastado para que se encontraran. Se había apagado todo lo demás, y era suficiente… o al menos eso sintió.

Nunca había logrado comprender aquel instante, porque la realidad no suele responder de aquella forma. Había bastado una mirada para sentir

No todo estaría bien. Parte de su historia quizá no encajaría con la de ella, pero algo siempre se podía hacer.

-Blueberry

Microrelato: habría que arriesgarse

Los años le habían enseñado a disimular terriblemente bien.

Era la contradicción en la conciencia. El deseo se trasmitía como indiferencia. La irrefutable necesidad de hacerse presente y ganarse ese privilegio, y la racionalidad que sugería alejarse… porque nadie está listo para el rechazo, porque nadie se arriesga de aquella forma.

Si. Definitivamente un muro intangible que separaba. Palabras formales y directas, seleccionadas cuidadosamente para no sugerir cualquier cosa que su mirada no pudiera ocultar. Un poco de indiferencia, un poco de seriedad y cuasi apatía.

¿Que tenían esos ojos? A veces no ocultaban bien.

Quizá en un momento de locura, hubiera dejado de pensar tanto y simplemente hubiera actuado. Ni siquiera habría que decirlo, porque ambos lo advertían. Un abrazo, tres besos. No soltarse.

Pero aquello solo ocurría en las películas malas que nada tienen que ver con la realidad.

Habría que arriesgarse tal vez.

Blueberry

Bastaba con ver

Pero cualquiera en su sano juicio hubiese tardado tan solo algunos segundos para saber que aquello era tan solo mera apariencia. Bastaba con verle de verdad y comprender…

Comprender que muchas veces los ojos dicen más que una sonrisa y una postura. Que el silencio también esconde anhelos y algunos miedos. Que la seguridad muchas veces es inseguridad mal camuflajeada.

Siempre había más. Al menos por momentos..

-Blueberry

Microrrelato: Hasta la insensatez

Y un día tendría que aprender que no lo podía controlar todo, que por más esfuerzo, incluso más allá de su propia capacidad, jamás sería suficiente. No se debería a una mera incapacidad o incompetencia, sino porque la realidad no respondería bajo sus leyes, ya tenía las propias.

Quiso mirar a sus ojos apenas unos segundos, hacerse presente, mantenerse en el pensamiento de su acompañante un rato mas y no desaparecer. Desaparecer.

Porque al final, de eso se trataba, ¿no? De mantenerse vivo en el pensamiento del otro. Existir ahí, no solamente en uno mismo, sino de permanecer en otra mente. Vernos a nosotros mismos en otros, para así validar nuestra propia existencia.

Pero aquellos ojos que tanto había deseado con desesperación no respondían más, quizá le miraban de reojo, pero no era lo que necesitaba. No existía manera de entenderlo de alguna otra forma más que, todo se desvanecía con el tiempo. Los recuerdos se iban desprendiendo de la piel, y las sensaciones desaparecían en el aire.

Quería gritar, estallar en desesperación, llorar y hacer todo terminar. El aire se había ido, la sangre no fluía. Una exasperación que solo podía sobrecogerle hasta la insensatez. Los sentimientos ya no tenían sentido, porque ahora todo fluctuaba más rápido de lo que podía percibir. La sensación de rabia y deseo de hacerle sentir peor de lo que alguna vez sintió en toda su vida… y el infinito amor que amenazaba con jamás irse y demandaba el lugar que antes fue.

¿Habría sido un sueño o realmente estaba gritando hasta olvidar su propia voz? Deseaba desesperadamente su atención. Necesitaba hacer algo para aparecer una vez más en el reflejo de esos ojos y permanecer ahí. Porque… porque al final, aquello aseguraba su propio sentido.

No, aquello no era amor, era sobreviviencia narcisista. La intolerancia a la sola idea de liberarle, y aceptar su propia desaparición no solo en la vida del otro, sino de sus pensamientos. Su desaparición.

-Blueberry

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