Siempre habrá otro día

Habrá caídas, habrá raspones, habrá historias inconclusas e incomprensibles. Habrá preguntas sin respuestas, porque no todo es lógico y lineal.

El pasado no se va, nunca lo hará, y habrá que vivir con ello. Habrá que aceptar la idea de que el recuerdo no está ahí para pesarnos ni atormentarnos, sino para conformarnos e impulsarnos de alguna manera.

Las palabras resuenan y habrá que aprender a aceptarlas y no evadirlas, porque la evasión solo es una promesa corta que solo aligera el malestar un instante efímero.

Habrá que aprender a aceptar que lo ya vivido es inmutable, bueno o malo, pero lo importante no es ello, sino cómo nos permitimos transformarnos por más resistencia que ejerzamos… porque, aunque no siempre lo pensemos, siempre habrá otro día más.

Feliz 2019!

-Blueberry

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Microrrelato: con historias en la piel

Había algo ahí que te hacía pensar que lo que estaba a simple vista simplemente no podía ser todo. Era algo en la forma en que veía su mundo, su alrededor, hasta sus propias manos; que te dejaba profundamente pensando.

Era una ligereza sutil y vaga, pero jamás se podía ignorar por completo. Era algo más complejo, se metía hasta en la piel, una sensación que no te permitía dejarlo pasar desapercibido.

Caminaba con aparente seguridad, con soltura y hasta una pizca de ambición. Pero siempre y cuando te distrajeras un poco y le observaras de reojo, se vislumbraba casi claramente esa superficialidad en todo su espectáculo y esa forma característica de ser. Aquella forma de caminar que solo trataba de tapar algo más profundo, una inseguridad casi asimilada.

Y como todas las personas que dicen aceptar sus inseguridades, también tendía a transformarlas en risas y humor ligero. Casi real. Casi lograba hasta creerlo. Casi. Con esas historias que llevaba en la piel y que le habían servido como escudos y vendas, para tapar todo el mal que algún día fue. Para transformarlo y ahora verlo como un recuerdo lejano, un recuerdo, que sin darse cuente, se distinguía a ratos.

Y como pocas personas que sienten de verdad, le era más fácil aplacarlo un poco, ignorarlo incluso y sentir que sentía como el resto… dejando salir a ratos una genuina emoción a lo que no cualquiera le encontraría el mismo sentido.

Las cicatrices también eran de memorias.

-Blueberry

Microrrelato: No se miente a uno mismo eternamente

Levantó la mirada con seguridad, y miró el reflejo que años atrás le veía crecer, en silencio, en admiración.

Por un momento pensó que había sido su imaginación, se asustó y tapó su boca como acto reflejo ante la confusión. El tiempo casi se detuvo, iba lento, espantosamente lento. El reflejo en el espejo bajó la mirada a modo de desaprobación, para después mirarle una vez más directa y fríamente a los ojos. Abrió la boca lentamente, y comenzó a dar una respuesta, como si hubiese escuchado sus pensamientos previos.

Juraste que aquella máscara que te creaste hace años sería solo momentánea, que te serviría poco, e ignoraste que, las máscaras, tarde o temprano, se adhieren a la piel. Te aterraron tanto tus propios sentimientos, que decidiste cubrirlos con un falso optimismo. Podrás hacerle creer a todos sobre tu supuesta felicidad y positivismo infinito, pero a mí no me puedes mentir. No se puede mentir a uno mismo por siempre. No es convicción y pasión por lograr eso que deseas. Es desesperación y arrogancia. Aferrarte a memorias ya muertas no las hará regresar. Aparentar una imagen no lo hace real.

La respiración se detuvo por un momento, sin embargo, su pensamiento se aceleró. Pensó primero que estaba soñando, que no era posible que los reflejos respondieran de aquella forma. Dudó, dudó de lo que había escuchado y de lo que había visto. Quizá, efectivamente había llegado el momento en que su mente había colapsado y veía lo que no es, sus miedos e inseguridades. Miró a su alrededor, todo parecía normal. Pensó si había sido una broma, quizá alguien jugaba con sus pensamientos. Miró una vez más al espejo. El reflejo había vuelto a la posición que le correspondía. Le miró con suspicacia. Nadie, ni el reflejo mismo, le haría irse abajo.

Retrocedió un poco, y tomando lentamente una botella de vidrio que estaba sobre la mesa, la aventó con todo el miedo y deprecio que tenía, hasta ver caer al suelo los fragmentos del espejo que nunca más le delatarían.

 

 

-Blueberry.

Microrrelato: Etérea

Siempre le había gustado la palabra “etéreo”. Describía a la perfección aquello que no lograba entender, lo que parecía no tener sentido, lo indescifrable.

Era ya bastante tarde, el sol la había abandonado hace rato. Estaba caminando sin rumbo, siguiendo un pensamiento que estaba enredado desde el instante en que emergió por primera vez. Lo había pensado, una y otra vez, desde todos los puntos de vista posibles, tomó en cuenta todas las posibilidades. Lo había racionalizado, lo había evadido, trató de descifrar los sentimientos que llevaba ahí escondidos. Se preguntó si todo aquello había hecho alguna diferencia.

Siguió caminando. El agua tocaba sus pies a ratos. La arena le regresaba a la realidad. Levantó la cabeza y miró las pocas estrellas que se podían ver. ¿Cómo deshacerse de algo etéreo? 

Quizá, solo quizá, no se trataba de encontrar la razón o un por qué a lo que le rodeaba, sino aceptar aquello. Entender que venía de hace tiempo, de hace tantos años que no podía ya haber un culpable, ni responsable. Eso había formado parte de su desarrollo, de cómo se definía.

Blueberry

Microrrelato: El problema nunca son los otros

Los días sin sol y la ligera lluvia lejos al anochecer habían inspirado en los seres humanos a cristalizarse a sí mismos y a liberarse frente a otros desde tiempos inmemorables. Quizá era la nostalgia como tal o el sentimiento de que, si se esperaba con fuerza y nos liberábamos a nosotros mismos, el sol vendría nuevamente, todo comenzaría, mejor y más puro.

Sabia que había llegado a un punto de su vida en el que simplemente ya no podía continuar así. Y aceptarlo le había costado hasta la última fibra de su ser.

-Las cosas ya no pueden seguir así. Llegaste a un límite que ni si quiera puedo imaginar. Ellos no están en tu contra. -le dijo su amiga mientras la miraba como padre protector y madre consternada.

-¿Crees que no lo sé? -Le dijo con un suspiro y con unas mínimas ganas de la derrota- Ellos no tienen el problema, nadie lo tiene. El problema es que todo está en mi, en mi cabeza y mi imaginación. El problema es que no comprendo, no puedo entenderme. Y no conozco otro sentimiento más intenso que la frustración en uno mismo. No se qué hacer con tanto dentro de mi, que lo dirijo a los demás. No, ellos no saben, ellos viven su vida, y mi mente cree que piensan en mi. Nunca es así. Probablemente ni si quiera estén conscientes de mi existencia y yo estoy aquí muriendo en ansiedad y frustración. El problema nunca son los otros, son nuestros pensamientos. Somos nuestro enemigo más grande.

Abrir los ojos era un acto de valentía

Devastado no era la palabra que lograba describir cómo se sentía realmente.

Habría creído que todo aquello era un proceso, una crisis, un estado transitorio.  Pero jamás logró ver el panorama completo, jamás logró tener la consciencia incluso de que existía un panorama completo y no únicamente su limitada visión. Quizá alguien, en algún momento, se lo señaló, pero tampoco lo quiso ver. No estaba listo para asimilar aquello que solo le causaría un gran peso en su existencia. La negación por el momento era lo que lo mantendría cuerdo.

Pero, finalmente, abrir los ojos es un acto de valentía. Uno nunca sabe cuánto dolerá, o por cuánto tiempo, sin embargo, es imprescindible. Quizá la negación ayude a amortiguar el dolor momentáneo, pero a largo plazo es una certeza que lo incrementará, en pequeñas dosis, hasta que todo aquello se desborde y sea insoportable.

Desesperación era una palabra demasiado suave para expresar cómo se encontraba en aquel momento. Quería gritar, quería llorar, quería con todas sus fuerzas retroceder en el tiempo y hacerlo todo una vez más, mejor. Tenía la certeza de que aquello jamás debió de haber pasado en su vida, que eso simplemente era algo que no iba a aceptar, no podía ser.

Quiso pensar que era un error del universo, un castigo divino por lo que hizo en alguna otra vida, un error del destino. Pero se le olvidó recordar que aquello era simplemente el resultado de todas sus decisiones y de sus errores. Y que, finalmente, aquello era algo más que tenía que vivir para aprender lo que más adelante llegaría en su vida.

Pensó que aquello era eterno. Olvidó que para que algo sea duradero, hay que trabajarlo día a día, y no pensar que el destino se encargará de ello. Era más fácil para él responsabilizar a la vida de lo que él esperaba, que responsabilizarse a sí mismo. No, aún no estaba listo para abrir los ojos. No en aquel momento.

 

 

-B

Microrrelato. Extracto de un libro que jamás escribiré II

Ali

Parte 1

 

A pesar de que todo su interior parecía estar a punto de colapsar de tanto enojo, su piel se mostraba fría, inexpresiva, casi malvada. Había pasado horas en su habitación, caminando, dando vueltas, pero tal parecía que no había nada más que pensar. Se tumbó en la cama y aguantó el suspiro tan profundo que estaba por salir. Se sentía como en una de esas caricaturas que veía cuando era una niña, dónde el personaje tenía en cada uno de sus hombros a dos personajillos pequeños, uno bueno y otro malo. Entonces, ambos le comenzaban a hablar al dibujo animado, tratándolo siempre de influenciar hacia lo que ellos creían era lo mejor. Pero, ¡Ese era el punto!, pensó. ¿Qué era lo mejor en su caso? Así como para una persona algo es lo más adecuado, para otra persona no es lo idóneo. ¿Cómo podía estar segura de quién tenía la razón si ni siquiera ella misma comprendía lo que le sucedía? Porque, tenía que haber una respuesta, debía de tomar una decisión, no las dos.

La sensación era como si hubiera una guerra en su cabeza. Pero era únicamente una impresión, porque estaba totalmente segura que no había tal guerra, solamente dos vocecillas que le pedían algo distinto, exactamente eso. Era como si su conciencia no se pudiera poner de acuerdo y tuviera dos opiniones diferentes. No podía ver el panorama, o la situación desde fuera, le era imposible. Era como si aquella escisión le nublara la vista, el razonamiento. Y su única preocupación era encontrar una respuesta en ese mismo instante,  no soportaría un día más de aquella forma.

Ali se paró frente al espejo de su habitación. Era grande, probablemente de su tamaño y le causaba una gran admiración, casi se identificaba. Ahí estaba, similar a una ventana donde alguien la podía observar tranquilamente cuanto tiempo quisiera, burlándose de ella, de su vida y desesperación. Se sentía observada a pesar que el único reflejo en el espejo eran sus propios ojos oscuros y calmados. Alguien del otro lado de ese cristal se reía escandalosamente sin poder parar, disfrutando de su desdicha y estupidez. Y no había nada que ella pudiera hacer al respecto. Siempre había sido así, y debido a esa misma razón siempre evadía voltear directamente al espejo por mucho tiempo, no permitiéndole esa satisfacción de sus ojos y posibles sentimientos. Pero en aquel instante la risa que casi podía escuchar proveniente del reflejo era insoportable, no como el resto de las veces, un poco silenciosa y discreta. Las voces le seguían hablando, pero esta vez lo hacían tan rápido que simplemente no lograba entenderlas. Quise decirles que se callaran, pero su boca solo temblaba, no podía hablar. Estaba rígida en aquel instante. Pero parecía que algo dentro de ella estaba a punto de ebullir. Así, sin más, soltó un golpe rápido y bastante fuerte para su frágil cuerpo, quebrando su propio reflejo en cientos de pedazos. Apenas hizo una pequeña expresión en su cara, pero no había sido de dolor. No, el dolor físico ya no tenía efecto en ella, lo había logrado vencer hace ya tiempo. Su expresión había sido de preocupación al, extrañamente, verse a ella misma romperse, como si hubiera adivinado cómo se sentía por dentro. No era una sola división dentro de ella, eran cientos, miles de partes rotas que quizá jamás volverían a juntarse para ser una sola.

Entonces, como si alguien la sacara de golpe de una realidad, escuchó que alguien tocaba la puerta bastante fuerte. Era su mamá y preguntaba preocupada qué había sido ese sonido tan fuerte.

-Fue el espejo, mamá.

– ¿Cómo que el espejo? –le preguntó mientras seguía golpeando la puerta, esperando a que su hija le abriera.

-Estaba tratando de mover el espejo –le respondió mientras le dejaba pasar y ver el desastre- quería ver si se vería mejor en otro lado.

-Pero “mijita”, ¿no te lastimaste? Está demasiado grande para ti, hubieras esperado a que viniera tu papá a ayudarte –Su preocupación era bastante notoria en su voz, pero sus ojos parecían decirle que no le interesaba en lo más mínimo.

-No –dijo tranquilamente mientras escondía discretamente su mano derecha detrás de sí.

-Bueno, ahorita mando a alguien para que limpie, ten cuidado, no vayas a pisar descalza los vidrios –Le dijo mientras salía de la habitación sin cerrar la puerta.

Ali se quedó ahí un momento, contemplando lo que acababa de hacer. Sintió que ya no tenía nada que la detuviera, era el momento adecuado para hacer algo al respecto y hacer notar de alguna u otra manera lo que pensaba. Sintió cómo incluso ambas voces en sus hombros la exhortaban a hacerlo. La decisión estaba tomada, a pesar de que no tenía ni idea de qué haría con exactitud. Era únicamente la certidumbre que tenía que hacerlo.

(…)

 

-B

Microrelato. Extracto de un libro que jamás escribiré

Estaba ahí, encerrada en su habitación esperando desesperadamente.  No sabía exactamente qué esperaba, quizá que pasara el tiempo, la vida, los malos recuerdos.

Trataba de ignorar sus propios pensamientos, cada vez le era más difícil. La música subía de volumen rápidamente, pero últimamente eso ya no servía como distracción. ¿Qué más la podía distraer? No quería hablar con nadie, sabía que no entendían su situación. Y si lo hicieran, eso no significaba nada, no había resultado. Ahí estaba una vez más, atrapada dentro de sí. ¿Cómo escapar de algo que está dentro de ti y te seguirá a donde vayas?

Y la respuesta es bastante clara, pero no cualquier puede tolerar la angustia ante la respuesta. No se puede escapar de nuestros pensamientos, solo queda aceptarlos.

Se levantó después de estar un buen rato acostada, se dirigió hacia la ventana y observó el exterior. Parecía que ya era algo tarde, y que el frío solo iba en aumento. Se desesperó.

No sabía cómo organizar sus pensamientos, cómo darle un sentido a todo aquello que pasaba por su mente. Era una mezcla de todo. Era enojo, frustración, culpabilidad, incertidumbre, una tremenda tristeza, vulnerabilidad y soledad; y aquello era solo el inicio. Quería encontrar un por qué, culpar a alguien. Averiguar quién detonó aquella situación aparentemente inexplicable.

Respiró hondo y se contuvo. 

Y ahí estaba su problema. Era la contención y la absurda culpabilidad por sentir todo aquello, por sentir. Eso le habían enseñado.

Supuso que el miedo era a explotar, a hablarlo con ellos y decirles todo lo que sentía, cómo habían arruinado todo, cómo era de ellos y solo de ellos la culpa. ¿cómo no habían visto en su propio hijo algo tan evidente?. ¿Cómo culparlos? Sabía que jamás había sido su intención hacer daño, sin embargo las consecuencias eran observables, y parecía no haber vuelta atrás.

Respiró hondo una vez más.  Quizá, si dejaba de pensar en ello iría desapareciendo poco a poco, pensó crédulamente.

 

 

Pour quelqu’un…

-B

Microcuento: 

La alarma aún no había sonado, pero de igual forma me desperté. Sentí que no estaba ahí, a mi lado, y la cama ya se sentía fría. No me asusté, sabía dónde estaría. Salí de la habitación y vi por la ventana el jardín. El amanecer se veía increíble en cientos de tonalidades rosas, y ella estaba ahí, sentada, escribiendo algo que moría de ganas por leer.
Me puse de buen humor, ella tenía ese algo que me contagiaba, siempre lograba hacerme sonreír sin siquiera intentarlo, solamente siendo ella misma. Era algo que ma impactó desde que la conocí, cómo vibraba a una frecuencia diferente del resto de las personas. Tenía esa facilidad de hacerme ver que la vida podía ser sencilla, que no había por qué complicarme con cosas que no podía cambiar.
-¿Por qué estás aquí tan temprano? -le pregunté mientras me sentaba a su lado y bostezaba sin querer.
-Tuve un sueño que no recuerdo… y se me ocurrió venir aquí a tratar de recordar y escribirlo. No te quise despertar- dijo mientras se tumbaba por completo en el suelo y soltaba una risita, que jamás terminaba de encantarme.

-¿Pudiste recordarlo?

-No. Así que decidí escribir algo aún mejor.

-¿Qué cosa?

-Sobre ti. -dijo mientras me sonreía y se acercaba para besarme.

No podía recordar las veces que me habían preguntado qué hacía para sentirme tan contento después de todos esos años con ella. “La admiración”, siempre les decía. Las personas no tienen idea de lo que supone admirar a tu pareja y que ella te admire de la misma forma. Se vive en un profundo respeto y encanto por la otra persona y todo lo que hace y piensa, su forma de vivir la vida. Alguien a quien se admira nunca logrará aburrirte, todo lo transforma en algo mejor de lo que realmente es.

La abracé. A ella siempre le había encantado que la abrazara de esa forma, y eso me hacía feliz, era suficiente.

B