El error

Encontró el error.

Había sido siempre lo mismo, el miedo que le paralizaba y le impedía hablar. Explicar todos esos miedos y preocupaciones irracionales en la piel, que, aún siendo consciente de ello, seguían pesando.

Se ahogó con las palabras que siempre soñó decir. Siempre esperando el momento adecuado. Nunca haciéndolo.

Quería pensar que entendía de donde venía ese miedo a verbalizar, incluso lo positivo, sus deseos, sus esperanzas.

Pero ello ya no le servía.

Seguiría siendo espectador. Siempre de lejos, siempre en deseo…

Desear no mueve la realidad

No funcionó. Fue absurdo contemplar la idea de que, pensado y soñando tanto, quizá ocurriría.

El café se acabo demasiado pronto, la piel ahora se sentía diferente, traía otros recuerdos.

Las palabras ya no sabían qué contar, estaban cansadas de lo mismo.

No, desearlo con intensa fuerza no mueve la realidad. Habrá que hacer algo más.

Un sueño que no estaba solo para soñarse

Unos ojos jóvenes que delataban un cansancio ya algo viejo.

Unos ojos que no habían vivido lo suficiente pero sí habían sentido lo necesario, cargando con historias largas y otras inconclusas.

Una boca curveada, que no hacía más que regalar incertidumbre y misterio.

Un aliento que incitaba el calor y la cercanía necesaria.

Un sueño que no estaba ahí solo para soñarse.

Un recuerdo que parecía traicionarle a ratos, al prometerle permanecer en el pasado, pero terminaba como la peor sombra hasta en la noche.

Una fatiga que no era de aquel cuerpo.

Porque al final los años no son los que pesan, sino todo lo que se calla con los días y semanas y años. Porque lo que pesa no es el tiempo en sí, sino las experiencias previas y las lágrimas no resueltas. Y al final, lo importante no es siquiera todo ello, sino cómo cada uno se va conformando y organizando con todo lo vivido.

Síganme en mis páginas en Facebook e Instagram!!!

-Blueberry

Microrrelato: No se miente a uno mismo eternamente

Levantó la mirada con seguridad, y miró el reflejo que años atrás le veía crecer, en silencio, en admiración.

Por un momento pensó que había sido su imaginación, se asustó y tapó su boca como acto reflejo ante la confusión. El tiempo casi se detuvo, iba lento, espantosamente lento. El reflejo en el espejo bajó la mirada a modo de desaprobación, para después mirarle una vez más directa y fríamente a los ojos. Abrió la boca lentamente, y comenzó a dar una respuesta, como si hubiese escuchado sus pensamientos previos.

Juraste que aquella máscara que te creaste hace años sería solo momentánea, que te serviría poco, e ignoraste que, las máscaras, tarde o temprano, se adhieren a la piel. Te aterraron tanto tus propios sentimientos, que decidiste cubrirlos con un falso optimismo. Podrás hacerle creer a todos sobre tu supuesta felicidad y positivismo infinito, pero a mí no me puedes mentir. No se puede mentir a uno mismo por siempre. No es convicción y pasión por lograr eso que deseas. Es desesperación y arrogancia. Aferrarte a memorias ya muertas no las hará regresar. Aparentar una imagen no lo hace real.

La respiración se detuvo por un momento, sin embargo, su pensamiento se aceleró. Pensó primero que estaba soñando, que no era posible que los reflejos respondieran de aquella forma. Dudó, dudó de lo que había escuchado y de lo que había visto. Quizá, efectivamente había llegado el momento en que su mente había colapsado y veía lo que no es, sus miedos e inseguridades. Miró a su alrededor, todo parecía normal. Pensó si había sido una broma, quizá alguien jugaba con sus pensamientos. Miró una vez más al espejo. El reflejo había vuelto a la posición que le correspondía. Le miró con suspicacia. Nadie, ni el reflejo mismo, le haría irse abajo.

Retrocedió un poco, y tomando lentamente una botella de vidrio que estaba sobre la mesa, la aventó con todo el miedo y deprecio que tenía, hasta ver caer al suelo los fragmentos del espejo que nunca más le delatarían.

 

 

-Blueberry.

No sé si serán los años

“No se si serán los años pero he bajo el volumen de lo que escucho y he subido el volumen de lo que siento. Me estremece un atardecer, el sorbo de un buen café, de un buen vino, una grata compañía, una bonita canción, el calor de una mirada, el poder de un beso… No sé si serán los años, los daños o quizás, solo quizás, empiezo a ver la vida tan bella como realmente es”.

943810_896963560420460_7816131149801316292_n

El síntoma de este siglo ¿Y la felicidad?

img_5149

Freud y  Lacan decían que un síntoma es una forma de enfermar que tiene que ver con la expresión simbólica de un conflicto y también con una manera de gozar.

Claro, en tiempos de Freud un síntoma se daba debido a un conflicto entre fuerzas intrapsíquicas. Hoy sabemos que aquella idea se encuentra incompleta, aunque tiene algo de sentido en el contexto de Freud y de ese siglo. ¿Hoy? Hoy tiene que ver con el aspecto relacional, no hay duda alguna sobre ello.  Gustavo Dessals menciona que el síntoma de este siglo tiene que ver con el autismo y la promoción exacerbada del individualismo que se apoya en el derecho a gozar.

Inmersos en sociedades que promueven el consumismo como si fuese una religión, crecemos con un pensamiento alienado sobre lo que supone la felicidad. Lo vemos como un imperativo, un falso imperativo que debemos y necesitamos vivir. Vivir dentro de un continuo goce inmediato.

Aprendemos que necesitamos seguir ese ritmo que la sociedad ordena. Necesitamos ser felices y promoverlo, demostrarlo. Y el error no es ese en esencia, sino lo que la sociedad entiende por felicidad. Se vive en la actualidad bajo la creencia de que debemos de vivir en un continuo estado de goce, de éxtasis si así lo prefieres.  Tenemos que llegar a ese punto clímax de felicidad.

Y, ¿quién definió aquella felicidad? No importa.

¿Cuál es el síntoma de esta sociedad? La eterna insatisfacción. El pensamiento alienado sobre la felicidad, sobre el imperativo del continuo goce.

¿No sería la felicidad el estado de equilibrio y no el continuo goce que la sociedad demanda hoy en día? Quizá, solo quizá, la felicidad sea el estado adaptativo de sobrellevar  los obstáculos de nuestra vida. De vivir en comprensión y asimilación de que las emociones negativas tiene una función y no se debe reprimir. Quizá, solo quizá, la felicidad sea el estado de regulación mental ante los distintos estados y situaciones que se nos presenten. Volver a nosotros mismos, esa capacidad.

 

Es el tormento de la felicidad que se ha vuelto obligatoria, en lugar de deseable.

¿En qué has pensado al leer esto?

-B