Las respuestas no salvan

Perdemos tiempo buscando una forma de escapar, de liberar(nos).

Las respuestas no nos salvan del pasado. Nada lo hace…

No habrá más remedio que aceptar, que reconciliarse con nuestra historia y con nosotros mismos.

Tolerar que, por más que lo imaginemos y lo suspiremos, las expectativas se mantendrán muchas veces dos pasos por delante de nuestros ojos.

Quizá podamos hacer algo, quizá no.

La historia no cambia, pero sí cómo lo entendemos y qué hacemos, o no, para no repetirlo.

Blueberry

Los recuerdos no se van

No se van los recuerdos. Pero ello no implica una naturaleza inmutable. Se transforman. Los transformamos. Depende de qué historia le queramos dar, de cómo narremos la trama y el desenlace. La conclusión que hacemos nuestra.

Microrrelato: Historias a medias

La gente escribía canciones y poemas y novelas con sentimientos como aquellos. Aquellos que se desbordaban y amenazaban con quitarle el sentido y la razón a todo lo vivido. A desquebrantar los esquemas y darles un motivo diferente del cual resultaba impensable modificar tan simplemente.

Los ojos pesaban y las sonrisas se borraban a ratos. Las letras fluían y el sentido parecía ordenarse, aunque fuera en la imaginación. Había pensamientos sin desenredar, volaban por no encontrar un final…

Sentimientos que se habían camuflajeado con cientos de explicaciones y justificaciones que, si no se prestaba suficiente atención, tenían sentido. Pero no podía ser así. Vaguedad que funcionaba para burlar la realidad y la vivencia. No se sentía así. Había más.

Y ahora entendía que, nunca fue como creía haberlo vivido. Que la historia se entendía siempre dependiendo cómo y desde dónde se leía. Había sido una pseudo-asimilación y contención de algo que había decidido tolerar tiempo atrás… pero la historia ahora tenía más caras, era más compleja.

Había errores que parecían casualidad. Casualidades como intento de explicación de lo que no hace sentido en el interior… una negación del otro lado de la historia y la vivencia fuera de uno mismo. No existe la casualidad.

Quizá no habría final. O quizá el final era aceptar la pérdida de la espera de comprender todo y vivir con el hecho de que solo podremos ver nuestro lado de la historia, sin negar las otras caras, aún cuando éstas sean desconocidas. Aceptar vivir sin conocer el otro lado de las historias y el por qué de su conclusión.

-Blueberry

Somos historias en proceso

Al final, somos las historias que somos capaces de narrar sobre nosotros mismos, sobre lo que hemos vivido y lo que nos ha tocado enfrentar. Sobre lo que han hecho de nosotros y hemos, o no, aceptado. Somos el resultado de la forma en que hemos llegado a entender nuestras vivencias subjetivas.

-Blueberry

Quizá basta releer(me)

Nos habíamos creído tan capaces de leer a las personas desde las primeras interacciones. Creímos entenderlos, explicamos su funcionamiento e incluso nos aventurarnos a dar cuasi-explicaciones.

Pero, como los libros, no había sido mas que una mera impresión vaga. Una introducción.

Las sutilizas nunca aparecen realmente hasta releerlos, hasta cachar las entre-líneas.

-Blueberry

Cataclismo

Tenía lógica y sentido, ¿no? Había sido un desastre, nada había sido planeado así. Un cataclismo. El orden natural de aquellas circunstancias imprevistas… una irrupción en la fantasía.

Quizá sólo quedaba re-imaginarlo.

Blueberry

Microrrelato: Vaivén

¿En qué momento todo lo sobrepasó?

¿Cuál fue el instante en que todo se enredó y posterior a ello creció sin un control, desbordando toda posibilidad?

Pensamientos obcecados que no permitían procesar mas, que resultaban en incapacidad para actuar. Ya no había ganas de nada, o quizá sí, pero fluctuaba con una profunda desesperanza.

Acentuó una ligera sonrisa y abrió su libro favorito. Era la mejor forma de distracción que conocía. A pesar de saber que ello no resolvería nada y jamás haría cambiar la realidad. Pero aquella vez el libro no sabía igual, parecía no tener sentido alguno, ya no ofrecía respuestas. Y pensó…

Recordó el primer día, aun se sentía tan cercano. Recordó las sonrisas y las risas que le supieron a tranquilidad desde el primer instante. Había sido todo tan natural, como si lo hubiera esperado. Un abrazo, tes besos, dos miradas…

A partir de ahí todo fue cambiando, y ni siquiera se había dado cuenta. Todo se había acomodado. “Click”. Algo encajó. La sensación de extrema estupidez al imaginarse algo tan precipitadamente, como los niños guiados por la fantasía y los impulsos, se fue con el paso de los días y los meses cuando aceptó que quizá ello era normal. Que quizá en ese contexto en específico tenía sentido, que quizá de esa forma se sentían los demás.

Se había creado tanto en tan poco. Tanto a pesar de encontrarse en un vaivén de pensamientos guiados a ratos por miedo e inseguridad, así como fantasías y expectativas. Un vaivén que finalmente les hizo ver… parcialmente.

Cayó en la trampa sin querer ver. Le fue fiel a una sombra que pensaba solo para sí… Quizá nunca despertó por completo.

¿En qué momento todo se revolvió? ¿En qué momento la historia se invirtió?¿En qué momento los ahogó el pánico y el hastío?

¿Las historias también cambian?

Levantó la mirada del libro que ya no le decía nada nuevo esta vez. Y vio aquellos ojos a lo lejos. “Click“. Un abrazo, tes besos, dos miradas…