Microrrelato: Vaivén

¿En qué momento todo lo sobrepasó?

¿Cuál fue el instante en que todo se enredó y posterior a ello creció sin un control, desbordando toda posibilidad?

Pensamientos obcecados que no permitían procesar mas, que resultaban en incapacidad para actuar. Ya no había ganas de nada, o quizá sí, pero fluctuaba con una profunda desesperanza.

Acentuó una ligera sonrisa y abrió su libro favorito. Era la mejor forma de distracción que conocía. A pesar de saber que ello no resolvería nada y jamás haría cambiar la realidad. Pero aquella vez el libro no sabía igual, parecía no tener sentido alguno, ya no ofrecía respuestas. Y pensó…

Recordó el primer día, aun se sentía tan cercano. Recordó las sonrisas y las risas que le supieron a tranquilidad desde el primer instante. Había sido todo tan natural, como si lo hubiera esperado. Un abrazo, tes besos, dos miradas…

A partir de ahí todo fue cambiando, y ni siquiera se había dado cuenta. Todo se había acomodado. “Click”. Algo encajó. La sensación de extrema estupidez al imaginarse algo tan precipitadamente, como los niños guiados por la fantasía y los impulsos, se fue con el paso de los días y los meses cuando aceptó que quizá ello era normal. Que quizá en ese contexto en específico tenía sentido, que quizá de esa forma se sentían los demás.

Se había creado tanto en tan poco. Tanto a pesar de encontrarse en un vaivén de pensamientos guiados a ratos por miedo e inseguridad, así como fantasías y expectativas. Un vaivén que finalmente les hizo ver… parcialmente.

Cayó en la trampa sin querer ver. Le fue fiel a una sombra que pensaba solo para sí… Quizá nunca despertó por completo.

¿En qué momento todo se revolvió? ¿En qué momento la historia se invirtió?¿En qué momento los ahogó el pánico y el hastío?

¿Las historias también cambian?

Levantó la mirada del libro que ya no le decía nada nuevo esta vez. Y vio aquellos ojos a lo lejos. “Click“. Un abrazo, tes besos, dos miradas…

Microrelato: No todas las historias encajarían

Nunca había logrado olvidar el primer día en que la vio… como suele suceder con las personas que revuelven sin que uno lo acepte desde el primer instante.

Entre las personas y el ruido que entorpecía las conversaciones, ahí estaba, hablando a ratos y sonriendo. Sí, se vieron de reojo, como no queriendo, como si ello no tuviera importancia, una sombra más, alguien más sin nombre.

Quizá había algo ahí, o al menos eso decían los libros y películas superficiales. Pero algo intangible le impedía ver en otra dirección, el miedo de no verla más. ¿Alguna vez había creído realmente en esas cosas que ni siquiera se podían explicar? Quizá no.

Parecía tranquila, como si tuviera su vida resuelta. Sonreía, como si comprendiera a todos a su alrededor y les entendiera. Ensordecedoramente simple, con una pizca de indiferencia que solo despertaba querer saber más.

Se acercó sin haber pensando antes cómo. De eso se trataba, de improvisar, ignorando cualquiera inseguridad. La miró de espalda, parecía contemplar algo sin importancia. Suspiraba como si todo estuviese en orden.

Y una sonrisa y una pequeña risa juguetona había bastado para que se encontraran. Se había apagado todo lo demás, y era suficiente… o al menos eso sintió.

Nunca había logrado comprender aquel instante, porque la realidad no suele responder de aquella forma. Había bastado una mirada para sentir

No todo estaría bien. Parte de su historia quizá no encajaría con la de ella, pero algo siempre se podía hacer.

-Blueberry

Microrelato: habría que arriesgarse

Los años le habían enseñado a disimular terriblemente bien.

Era la contradicción en la conciencia. El deseo se trasmitía como indiferencia. La irrefutable necesidad de hacerse presente y ganarse ese privilegio, y la racionalidad que sugería alejarse… porque nadie está listo para el rechazo, porque nadie se arriesga de aquella forma.

Si. Definitivamente un muro intangible que separaba. Palabras formales y directas, seleccionadas cuidadosamente para no sugerir cualquier cosa que su mirada no pudiera ocultar. Un poco de indiferencia, un poco de seriedad y cuasi apatía.

¿Que tenían esos ojos? A veces no ocultaban bien.

Quizá en un momento de locura, hubiera dejado de pensar tanto y simplemente hubiera actuado. Ni siquiera habría que decirlo, porque ambos lo advertían. Un abrazo, tres besos. No soltarse.

Pero aquello solo ocurría en las películas malas que nada tienen que ver con la realidad.

Habría que arriesgarse tal vez.

Blueberry

Deja tú quimera

Palabras que derramaban incongruencia y contradicción. Una intensidad caótica que, más que romántico, denotaba una profunda soledad. Amar con desesperación jamás fue la medida. Amar sin importar cualquier cosa, una perturbación.

Amar incondicionalmente no era más que una quimera mal comprendida, un acto de corrupción que pudiese atentar contra el propio ser. Todo posee un límite. Todo ser establece sus límites y pautas, si no es así, no ha comprendido el valor propio.

-Blueberry

 

Microrelato. Extracto de un libro que jamás escribiré

Estaba ahí, encerrada en su habitación esperando desesperadamente.  No sabía exactamente qué esperaba, quizá que pasara el tiempo, la vida, los malos recuerdos.

Trataba de ignorar sus propios pensamientos, cada vez le era más difícil. La música subía de volumen rápidamente, pero últimamente eso ya no servía como distracción. ¿Qué más la podía distraer? No quería hablar con nadie, sabía que no entendían su situación. Y si lo hicieran, eso no significaba nada, no había resultado. Ahí estaba una vez más, atrapada dentro de sí. ¿Cómo escapar de algo que está dentro de ti y te seguirá a donde vayas?

Y la respuesta es bastante clara, pero no cualquier puede tolerar la angustia ante la respuesta. No se puede escapar de nuestros pensamientos, solo queda aceptarlos.

Se levantó después de estar un buen rato acostada, se dirigió hacia la ventana y observó el exterior. Parecía que ya era algo tarde, y que el frío solo iba en aumento. Se desesperó.

No sabía cómo organizar sus pensamientos, cómo darle un sentido a todo aquello que pasaba por su mente. Era una mezcla de todo. Era enojo, frustración, culpabilidad, incertidumbre, una tremenda tristeza, vulnerabilidad y soledad; y aquello era solo el inicio. Quería encontrar un por qué, culpar a alguien. Averiguar quién detonó aquella situación aparentemente inexplicable.

Respiró hondo y se contuvo. 

Y ahí estaba su problema. Era la contención y la absurda culpabilidad por sentir todo aquello, por sentir. Eso le habían enseñado.

Supuso que el miedo era a explotar, a hablarlo con ellos y decirles todo lo que sentía, cómo habían arruinado todo, cómo era de ellos y solo de ellos la culpa. ¿cómo no habían visto en su propio hijo algo tan evidente?. ¿Cómo culparlos? Sabía que jamás había sido su intención hacer daño, sin embargo las consecuencias eran observables, y parecía no haber vuelta atrás.

Respiró hondo una vez más.  Quizá, si dejaba de pensar en ello iría desapareciendo poco a poco, pensó crédulamente.

 

 

Pour quelqu’un…

-B