Las respuestas no salvan

Perdemos tiempo buscando una forma de escapar, de liberar(nos).

Las respuestas no nos salvan del pasado. Nada lo hace…

No habrá más remedio que aceptar, que reconciliarse con nuestra historia y con nosotros mismos.

Tolerar que, por más que lo imaginemos y lo suspiremos, las expectativas se mantendrán muchas veces dos pasos por delante de nuestros ojos.

Quizá podamos hacer algo, quizá no.

La historia no cambia, pero sí cómo lo entendemos y qué hacemos, o no, para no repetirlo.

Blueberry

Somos historias en proceso

Al final, somos las historias que somos capaces de narrar sobre nosotros mismos, sobre lo que hemos vivido y lo que nos ha tocado enfrentar. Sobre lo que han hecho de nosotros y hemos, o no, aceptado. Somos el resultado de la forma en que hemos llegado a entender nuestras vivencias subjetivas.

-Blueberry

Bastaba con ver

Pero cualquiera en su sano juicio hubiese tardado tan solo algunos segundos para saber que aquello era tan solo mera apariencia. Bastaba con verle de verdad y comprender…

Comprender que muchas veces los ojos dicen más que una sonrisa y una postura. Que el silencio también esconde anhelos y algunos miedos. Que la seguridad muchas veces es inseguridad mal camuflajeada.

Siempre había más. Al menos por momentos..

-Blueberry

El cambio viene del proceso interno

Decidir cambiar es una cosa. Quizá es el primer paso, pero el primer paso de un montón más.

Un cambio involucra el rompimiento de un patrón de comportamiento y pensamiento, el cual jamás es fácil. Involucra vernos a nosotros mismos, muy adentro, y ver aquellas partes que tratamos de ocultar. Un cambio no siempre es un proceso fácil, involucra compromiso, tiempo, e incluso dolor. Un dolor que siempre valdrá la pena.

Finalizar por completo una etapa e iniciar una nueva. Y eso, por más fácil y bonito que se escuche, no siempre es fácil es fácil.

(Síganme en mis nuevas páginas en Facebook e Instagram, donde estaré subiendo frases cortas!)

Blueberry

Divagando: No idealices tu pasado

En qué momento pasó el tiempo, que te atrapó en una idea que te obligó a cerrar los ojos a toda realidad que te envolviera.

Era la costumbre de aferrarse a imágenes idealizadas de un pasado ya ambiguo.

El vicio de vivir anhelando una historia ya muy lejana. La idea de lo que fue.

La certidumbre de algo que se creó en la imaginación, de aquello que sucedió hace tiempo tan diferente. Se transformó y adaptó a un ideal que jamás se repetiría, porque jamás existió como tal.

No. No deseas siquiera ese pasado. Quizá, solo quizá, es el anhelo de lo creado en tu imaginación, de lo que te salva contra un presente vacío.

-Blueberry

Reflexión: No puedes amar una máscara

¿Alguna vez te has cuestionado si esto es lo que quieres estar viviendo? ¿Estás satisfecho con tu día a día, cuando no puedes publicar lo que haces o tienes? ¿Qué te pone la piel de punta? ¿Qué hiciste hoy por darte gusto a ti, sin decirle a nadie más? ¿En qué piensas cuando estas atorado en el tráfico y no tienes como esconderte de ti mismo?

 La autenticidad, una palabra que resuena dentro del conjunto de las representaciones mentales impuestas por nuestra sociedad, que constituyen el mundo que conocemos como hoy. Un hoy tan completamente inmerso en la necesidad de validación, que pensamos que la normalidad del ser humano es estar en constante búsqueda de la respuesta gratificante de los otros hacia nosotros. De esta forma creemos que conseguiremos lo que se conoce popularmente como la “felicidad”. La validación se vuelve tan adictiva que es la prioridad absoluta que rige nuestras vidas, escondiendo hasta de nosotros mismos nuestra verdadera identidad, esencia, o lo que se conoce en la psicología analítica como el “self”.

Buscamos en otros la aceptación que deberíamos darnos a nosotros mismos. Y aquí renunciamos a nuestra libertad. En esta lucha por alcanzar lo inalcanzable, nos desintegramos, y parece ser que hay una constante de patologías conocidas como depresión, ansiedad, adicciones y otras, con mayor o menor gravedad, pero con la misma raíz: las representaciones mentales de nuestro “self” con respecto al otro.

Tenemos que aprender a dejar de crear patrones adictivos con las personas, así como con cualquier otra cosa que nos haga sentir bien momentáneamente. Dejar de conformarnos con situaciones que cuestionan nuestro valor por recibir de vez en cuando esa validación temporal. Desacostumbrarnos a la sensación de felicidad efímera, que fácilmente se quiebra en mil pedazos, cuando la dejamos en manos de algo externo.

Estamos condicionados a formar una imagen interna de nosotros mismos de acuerdo al juicio del otro y sus calificaciones vacías, basadas en las propias carencias de quien califica. Juzgamos a través de nuestras propias inseguridades. Lastimamos a través de nuestro propio dolor. Le tenemos tanto miedo a la vulnerabilidad que preferimos crear un falso sentido de seguridad basado en el reconocimiento que obtendremos al tratar de perseguir los ideales de perfección inalcanzables, a los que parece ser que todo mundo quiere llegar.  Desde la persona con la que decidimos estar, la profesión que decidimos ejercer, hasta dónde, cómo y con quien decidimos invertir lo más preciado que tenemos que es el tiempo.

 La comparación es la peor forma de autoagresión que te puedes hacer a ti mismo. Esta compulsión tóxica que tenemos nos devalúa internamente de forma que dejamos de reconocer nuestro sentido verdadero del “self”, y es ahí cuando muere la autenticidad, y con ella tu amor propio. El amor que te tienes a ti mismo, es tu concepción o “schema” de lo que entiendes por amor. Si este es en base a una compulsión inconsciente o búsqueda de validación, el mundo exterior responderá inconscientemente de la misma forma hacia a ti.

“Conocernos”; entender nuestro “self”. Llegar a ello toma dedicación, toma tiempo y sobretodo, atrevernos a cambiar el foco hacia adentro. A soltar lo que nos sostiene superficialmente, y dar pie a la seguridad que adquieres al ser responsable de tu propia felicidad, retomando el poder de ti mismo. Reaprender lo que es gozar. Disfrutar.

 El amor propio no es estar orgulloso de tu red social, pertenencias materiales, puesto de trabajo, sueldo, persona con la que eliges compartir tu vida, status social, etc. Todas esas son máscaras baratas y mecanismos de defensa que esconden a lo que tanto le tienes miedo. Al aceptar finalmente que la realidad de ti no es lo que pretendes ser, sino lo que hay detrás.

Todos tenemos una historia, con errores e imperfecciones, algunos más grandes que otros, pero finalmente las emociones se viven igual. El ideal de perfección es una ilusión. Hoy lo único que es real, es la persona que está aquí sentada leyendo esto, producto de esa historia. La verdadera naturaleza del ser humano es la vulnerabilidad. La eterna búsqueda del reconocimiento y aceptación de tu imperfección única. Esa es la autenticidad, y el amor propio nace invariablemente de ella. No puedes amar una máscara.

No puedes amar una máscara.

Tú, ¿Qué máscaras crees llevar?
¿Qué máscara has dejado ya atrás?

-Claudia Verónica Martínez

Este artículo que comparto el día de hoy es producto de mi amiga, colega y compañera de maestría; que conozco desde hace algunos años. Compartimos el gusto por muchas teorías, enfoques y técnicas psicodinámicas. Espero puedan comentar qué les parece.