Microrrelato: Fluir

Ya le había dado vueltas suficientes. Lo había intentado innumerables veces. Incluso lo había justificado tratando de darle alguna explicación.
Pero en el fondo ahora sabia que jamás hay salidas o soluciones fáciles.


Todos hablaban de dejar expectativas y dejar todo fluir. Fluir. Decían que solo así las cosas llegarían en su momento y la situación encajaría a la perfección. La vida, las relaciones, el trabajo…

Pero ya lo había intentado tanto y no funcionaba. ¿Que dejar todo fluir
no involucra el abandono de la responsabilidad? ¿Y el dejar las expectativas no involucra dejar metas y planes concretos?

Casi como si la vida arreglara y organizara todo mágicamente. Magicamente.

«Fluir» conlleva una fantasia mágica, una distancia con la realidad, con uno mismo y los otros. Una condena a la decepción.

Y es que las cosas no son resultado únicamente del azar. Las cosas suceden porque las imaginamos y porque nos responsabilizamos de ello. El futuro se construye tras planearlo, organizarlo y adaptarse a las situaciones.

La vida no fluye, avanza. Las cosas no se van acomodando, nosotros las vamos creando y organizando.

Y ahora, después de bastante camino podía tener la certeza que no
deseaba una vida, una relación o una amistad que fuera fluyendo; deseaba construir y planear, necesitaba hacer que aquello que esperaba realmente sucediera, manteniendo un equilibrio entre su
auto exigencia y los límites reales.

Blueberry

Experiencia

Aún recuerdas esa primera mirada, esa primera sonrisa y risa tonta. Eran días felices y aún lo siguen siendo, pero las experiencias ahora nos acompañan.

Quisieramos que hubiese sido distinto, pero entonces quiénes o qué seríamos hoy?

Blueberry

Microrrelato: Inseparables de lo interpersonal

Escuchaba la platica, pero se vivía a sí misma alejada de la realidad, como si presenciara una película y no como algo que estaba pasando en el presente. Quizá tenía que ver con la naturaleza de la conversación.

Se había puesto tan de moda la salud mental, el amor propio, la autoestima, sin embargo, era un absurdo escuchar aquello. Sus amigas hablaban de cómo mágicamente un «desbalance químico» había surgido y en consecuencia tenían que «trabajar en su salud mental». Pero la realidad no funcionaba de aquella forma. Las cosas no suceden mágicamente. El malestar mental, ni el físico, acontece de tal forma. Como si el ser humano fuese así de sencillo y poco complejo.

El deseo de mejorar no viene de la mera decisión propia de querer mejorar y ya, como lo «venden» actualmente. Somos más complejos que eso. Y es que el ser humano es inseparable del campo interpersonal. Nada surge «solamente desde uno». Nuestra personalidad, atributos, fantasías, complejos y traumas se van formando en dicho campo. Siempre en relación a algo más.

Así que veía a sus amigas hablar de la forma más bella posible. Se animaban entre ellas, se invalidaban sin siquiera saber. «Todo estará bien», «cuando menos te des cuenta ni te acordaras», «no es tan grave», «suéltalo y ya». Eran buenas intenciones sin duda. Había aprecio. «Mírame, yo ya estoy bien, lo dejé ir», decía quien se cortaba una vez al mes y no podía controlar su autoagresión.

Pero nadie hablaba de la situación, o las cosas, que lo habían generado. Nadia hablaba del peso que el contexto y el marco interpersonal tiene sobre uno. Desde un microcontexto como la familia nuclear, hasta el macrocontexto como la política. ¿Quién quiere hablar de ello? ¡Hasta sonaba a queja! Y también era complejo ver las causas, era más fácil atribuir todo al azar, a uno mismo.

Pero a veces ver de frente el motivo, o los diversos motivos, pesa más que el propio malestar.

La culpa pesaba de una forma inimaginable a veces, llega a controlar. ¿Para qué hablar de la negligencia de los padres, del abuso de la pareja, de la sobreprotección asfixiante…. de las fantasías no cumplidas, de la incapacidad aprendida sobre no expresar?

-Blueberry

Microrelato: Nadie viene en blanco

Era más fácil andar por la superficialidad, donde la negación de la realidad promete un toque de tranquilidad y otro de paz. Anhelaba un amor sincero y puro, como cualquiera que había leído en cientos de libros y cuyos finales suceden exactamente como en la imaginación. Libros, donde la intención era amortiguar, idealizar… prometer, jamás profundizar ni ver la realidad.

Quizá, años faltaban para ver más allá, para entender. Había sinceridad, no obstante, parecía aún perseguir idealización y amores románticos infantiloides con intentos de reciprocidad, que más bien se caracterizaban por su función de ser una extensión narcisista, satisfaciendo solo su Yo. Quizá aún no era siquiera consciente de ello. No, aún no lo veía.

Fantaseaba con una mirada transparente, que hiciera encajara todo con naturalidad. Como si el amor fuera algo simple, como si bastara y viviera de las coincidencias de la vida. Y como muchos, su búsqueda se dirigía a alguien en el mismo camino y dirección.

Aquella búsqueda omitía el hecho de que cada uno lleva en la piel una historia diferente, que cada persona carga siempre fantasmas. Fantasmas que no se refieren a problemas que atormentan, sino experiencias, vivencias y pensamientos previos que ningún ser humano puede evitar. Nadie vive sin fantasmas, y el problema era ese, ni siquiera poder reconocerlos y vivir en una negación infantil.

Y de eso se trataba las relaciones maduras y profundas que tanto decía anhelar: ver que cada participante siempre traerá consigo fantasmas, imaginación y diálogos internalizados previos, donde el objetivo es verlos, coordinarlos y mediarlos; construirlos con sus respectivas bases individuales ya establecidas.

Ver que cada uno trae consigo un montón de memorias que motivarán ciertas acciones, y que nadie vendrá en blanco, sin peso. No habrá más que coordinar y construir.

Nadie viene sin la compañía de sus sombras, perspectivas e idiosincracias para entender la realidad y defenderse contra lo que sea que despierte ansiedad y preocupación. Y quizá su tarea ahora era intentar observar y observarse.

-Blueberry

De expectativas

Porque estamos programados para aprender de lo ajeno de nosotros, anticipamos el comportamiento del otro. Aprendemos a desarrollar expectativas y así poder organizar nuestro comportamiento en torno a ello.

Porque las expectativas, la anticipación de la intencionalidad de los otros, nos ayuda a organizar el mundo y a nosotros mismos. Esas expectativas y diálogos internos no desaparecen, ahí estarán, quizá se transformarán con el tiempo.

Hay quienes no lo ven, y van buscando personas transparentes y en blanco, como si aquello fuera la naturaleza humana.

Lo importante es ser conscientes de nuestra forma de ver el mundo, de lo que tendemos a anticipar de las personas o situaciones y cómo reaccionamos y nos sentimos en base a ello. Ver nuestra propia forma de reflexionar que h surgido de nuestra historia.

Relaciones objetales, modelos operativos internos, los llamarían algunos psicoanalistas…

-B

Saber no es comprender

«Sabes tanto de mí y no me comprendes. Saber no es comprender, podríamos saberlo todo y no comprender nada».

Sabemos lo que vemos desde el exterior, sabemos lo que la otra persona quiere que conozcamos de el o ella. Es fácil ver todo lo superficial, el resultado de un sin fin de pensamientos y sensaciones, las cuales nunca podremos ver desde la distancia.

Evaluamos eso externo, olvidando pensar que pudiesen existir un sin fin de motivos para tal acción, dolor, desesperación o incluso idealización.

Lo que vemos generalmente no se acerca a la vivencia real del otro, a sus motivaciones internas, a todo aquello que mueve su comportamiento. Saber no es comprenderlo…