De expectativas

Porque estamos programados para aprender de lo ajeno de nosotros, anticipamos el comportamiento del otro. Aprendemos a desarrollar expectativas y así poder organizar nuestro comportamiento en torno a ello.

Porque las expectativas, la anticipación de la intencionalidad de los otros, nos ayuda a organizar el mundo y a nosotros mismos. Esas expectativas y diálogos internos no desaparecen, ahí estarán, quizá se transformarán con el tiempo.

Hay quienes no lo ven, y van buscando personas transparentes y en blanco, como si aquello fuera la naturaleza humana.

Lo importante es ser conscientes de nuestra forma de ver el mundo, de lo que tendemos a anticipar de las personas o situaciones y cómo reaccionamos y nos sentimos en base a ello. Ver nuestra propia forma de reflexionar que h surgido de nuestra historia.

Relaciones objetales, modelos operativos internos, los llamarían algunos psicoanalistas…

-B

Divagando: La consciencia no siempre es suficiente

Me preguntaron cuál era el sentido de saber y ser consciente de nuestras dificultades más subyacentes, de todas esas inseguridades, de nuestros comportamientos irracionales y automáticos.

Pensé…

Pareciera que no tuviera sentido, el saberlo no lo quita, no lo hace menos ni nos cambia. ¿Cuál podría ser el objeto de ello? Quizá, solo quizá, ser conscientes para prevenir.

Hay cosas que están tan arraigadas a nosotros, que la conciencia no es suficiente para cambiarlo. Sin embargo, si tenemos presente esas determinadas formas de funcionar de nosotros mismos, quizá, solo quizá, podemos anticipar el comportamiento y sustituirlo por otro.

Solo nos queda aceptarnos a nosotros mismos, y tratar de hacer lo mejor con lo que tenemos, no más, no menos…

-Blueberry

Reflexión: En pareja: No venimos a culpar al otro

Culpar de los problemas a uno solo de los cónyuges es una absurda. Ambos pueden ser responsables, aunque no necesariamente culpables, de una interacción insatisfactoria. A veces, la «víctima» aparentemente inocente emite señales que estimulan reacciones adversas en su compañero.

 

Es muy fácil culpar al otro de la situación adversa en la relación, muy fácil e irremediablemente inmaduro. Despojarnos de nuestra parte de la responsabilidad y mirar solamente al otro, al tiempo que nos sentimos la víctima, jamás garantizará una mejor relación.

Escucha: no hay víctimas, no hay culpables. Hay seres humanos que reaccionan a las acciones del otro, tanto positiva como negativamente.

Es común ver en terapia de pareja a uno de los cónyuges desear de la terapia una unión con el terapeuta, una alianza inconsciente o consciente para sentirse validado y/o  rectificar que es la víctima y por lo tanto el otro debe cambiar irrefutablemente  su conducta para su bienestar y deseos.  Una triada inconsciente en que los pacientes se acercan a la figura de autoridad indiscutible, cual rol paterno, en la espera de que éste dictamine la sentencia: quién está bien, quién está mal, quién merece una represalia, qué harán al respecto ahora.

No, no, no. Una relación no es ver qué hizo el otro, cómo nos dañó o molestó; es también ver qué hicimos nosotros para que el otro despertara dichas conductas.

Duele, y sé que no es fácil, lo sé. Pero es necesario vernos a nosotros mismos dentro de una díada, dentro de la dinámica para comprender la naturaleza de las problemáticas. ¿Qué inspiran mis acciones en el otro? ¿Qué inspiran las acciones del otro en mi?

Hay muchas razones por la cual una relación no funciona, inumerables. Pero puedo decir, de forma increíblemente generalizada, que la hostilidad de uno de los conyuges no nace un día cualquiera, se va formando, poco a poco, con el distanciamiento emocional y físico, con la incomprensión, con la falta de sensibilidad y comunicación, con un exceso de monotonía, con la falta de admiración…

Una infidelidad no nacerá jamás a raíz de la “naturaleza del hombre”. Una infidelidad, ya sea física o incluso emocionalmente, es un síntoma de un montón de problemas que jamás fueron abordados en conjunto y paciencia. El síntoma más manifiesto de insatisfacción acumulada. No, incluso en el tema de la infidelidad, uno de los conyuges no tiene la culpa. Los dos son igual de responsables por haber permitido llegar a tal grado.

Uno jamás obrará afectando a su pareja solo “porque sí”, obrará así como resultado de un profundo daño. O bien, de un disturbio inconsciente e intrapsíquico más complejo.

Las cosas jamás pasan “porque sí”.

El porqué siempre está ahí…

Suena fácil y simplista. Nunca lo es. Siempre hay más.

 

 

-Blueberry

Contrato matrimonial y terapia de pareja. Clifford J. Sager.