Querer no es poder

Y ahí estaba su primera contradicción. Que querer no significa poder.

La intensidad del deseo no moldeará la capacidad de cada uno para tolerar o incluso hacer . Hay heridas de recuerdo. Hay memorias de las que no se escapan y quedan incrustadas. Y de ello no siempre resulta algo negativo.

Cualquiera puede querer con intensidad.

La realidad requiere mucho más: la capacidad de aceptar las propias limitaciones y capacidades, de comprometerse a un esfuerzo constante dentro de un camino irregular.

Blueberry

Nace el amor

“Así es el momento en que nace el amor: la mujer no puede resistirse a la voz que llama a su alma asustada; el hombre no puede resistirse a la mujer cuya alma es sensible a su voz.”

El dolor te cambia

No podemos creer que después de algún trauma, dolor, pérdida importante en la vida seremos la misma persona, es imposible. El dolor te cambia profundamente, te transforma, para bien o para mal.

El desafío es recuperar la compostura, comprender la herida que se generó, el fantasma con el que se tendrá que cargar a partir de lo vivido. Permanecer en el deseo de sanar y superar y avanzar a pesar de dicho dolor.

-Blueberry

Los otros

Quizá las personas no sean lo que creemos que son realmente,

quizá sean la mera idea que hemos hecho de ellos,

lo que hemos querido ver, y lo que hemos querido ocultar,

nuestros deseos o nuestros miedos,

y quizá, solo quizá, la dificultad radica entre el golpe de realidad y la construcción interna que hemos creado a lo largo de los días y años.

Quizá algún día podamos mediarla y acordarla…

-Blueberry

Independencia

La independencia excesiva no es más que otra forma en que se traduce algún trauma. Es una forma de negar o minimizar la necesidad de conexión que los seres humanos tenemos. Es distanciarse, no aceptar o tolerar que todos somos vulnerables en algún momento y quizá, solo quizá, necesitamos de la cercanía de ese alguien.

No es independencia, quizá te estás protegiendo.

-B

Microrelato: Nadie viene en blanco

Era más fácil andar por la superficialidad, donde la negación de la realidad promete un toque de tranquilidad y otro de paz. Anhelaba un amor sincero y puro, como cualquiera que había leído en cientos de libros y cuyos finales suceden exactamente como en la imaginación. Libros, donde la intención era amortiguar, idealizar… prometer, jamás profundizar ni ver la realidad.

Quizá, años faltaban para ver más allá, para entender. Había sinceridad, no obstante, parecía aún perseguir idealización y amores románticos infantiloides con intentos de reciprocidad, que más bien se caracterizaban por su función de ser una extensión narcisista, satisfaciendo solo su Yo. Quizá aún no era siquiera consciente de ello. No, aún no lo veía.

Fantaseaba con una mirada transparente, que hiciera encajara todo con naturalidad. Como si el amor fuera algo simple, como si bastara y viviera de las coincidencias de la vida. Y como muchos, su búsqueda se dirigía a alguien en el mismo camino y dirección.

Aquella búsqueda omitía el hecho de que cada uno lleva en la piel una historia diferente, que cada persona carga siempre fantasmas. Fantasmas que no se refieren a problemas que atormentan, sino experiencias, vivencias y pensamientos previos que ningún ser humano puede evitar. Nadie vive sin fantasmas, y el problema era ese, ni siquiera poder reconocerlos y vivir en una negación infantil.

Y de eso se trataba las relaciones maduras y profundas que tanto decía anhelar: ver que cada participante siempre traerá consigo fantasmas, imaginación y diálogos internalizados previos, donde el objetivo es verlos, coordinarlos y mediarlos; construirlos con sus respectivas bases individuales ya establecidas.

Ver que cada uno trae consigo un montón de memorias que motivarán ciertas acciones, y que nadie vendrá en blanco, sin peso. No habrá más que coordinar y construir.

Nadie viene sin la compañía de sus sombras, perspectivas e idiosincracias para entender la realidad y defenderse contra lo que sea que despierte ansiedad y preocupación. Y quizá su tarea ahora era intentar observar y observarse.

-Blueberry

De expectativas

Porque estamos programados para aprender de lo ajeno de nosotros, anticipamos el comportamiento del otro. Aprendemos a desarrollar expectativas y así poder organizar nuestro comportamiento en torno a ello.

Porque las expectativas, la anticipación de la intencionalidad de los otros, nos ayuda a organizar el mundo y a nosotros mismos. Esas expectativas y diálogos internos no desaparecen, ahí estarán, quizá se transformarán con el tiempo.

Hay quienes no lo ven, y van buscando personas transparentes y en blanco, como si aquello fuera la naturaleza humana.

Lo importante es ser conscientes de nuestra forma de ver el mundo, de lo que tendemos a anticipar de las personas o situaciones y cómo reaccionamos y nos sentimos en base a ello. Ver nuestra propia forma de reflexionar que h surgido de nuestra historia.

Relaciones objetales, modelos operativos internos, los llamarían algunos psicoanalistas…

-B

Saber no es comprender

“Sabes tanto de mí y no me comprendes. Saber no es comprender, podríamos saberlo todo y no comprender nada”.

Sabemos lo que vemos desde el exterior, sabemos lo que la otra persona quiere que conozcamos de el o ella. Es fácil ver todo lo superficial, el resultado de un sin fin de pensamientos y sensaciones, las cuales nunca podremos ver desde la distancia.

Evaluamos eso externo, olvidando pensar que pudiesen existir un sin fin de motivos para tal acción, dolor, desesperación o incluso idealización.

Lo que vemos generalmente no se acerca a la vivencia real del otro, a sus motivaciones internas, a todo aquello que mueve su comportamiento. Saber no es comprenderlo…

Vamos a mirarnos

Vamos a aprender a ver lo que aún no podemos ver,

A comenzar a cuestionar nuestra propia perspectiva y reconocer que siempre hay más y hay diferente, aceptar que las respuestas no siempre están dentro de nosotros.

Vamos a cambiar las miradas y resignificar las historias que nos sostienen.

No vamos a mirarnos de nuevo, vamos a mirarnos una vez más…

B